martes, 6 de julio de 2010

PROGRESISMO K

Plata para los jubilados no hay, pero sí para el "fútbol para todos"
Luego de siete años de ejercicio ininterrumpido, el gobierno kirchnerista parece haber dejado dos cuestiones claras:

1-la innegable farsa en torno a un progresismo inexistente el cual se supo manipular en provecho de campañas políticas explorando de este modo, un territorio inusitado hasta el momento: el de los Derechos Humanos, y así también corrompido. Cada vez son más las entidades humanitarias que condenan prácticas esgrimidas por el kirchnerismo.
El veto del 82% móvil para los jubilados que el Gobierno ya anticipó, parece ser una clara demostración de que los fondos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), no están del todo bien administrados. Dichos fondos que deberían estar exclusivamente destinados a asegurar el bienestar y el futuro de millones de jubilados y aportantes, son manejados por el Gobierno como patrimonio propio olvidando que su deber es protegerlo o acrecentarlo, no dilapidarlo. Los fondos de la Anses actualmente están siendo utilizados sin veto alguno para el otorgamiento de préstamos a empresas en apuros, el financiamiento de proyectos dudosos, entrega de computadoras gratuitas para escolares, financiación de decodificadores de televisión digitalizada, pauta oficial, 6, 7, 8, Aerolíneas Argentinas, General Motors, impedir la inflación, la carrera electoral 2011, Bicentenario, empresas energéticas del amigo Julio De Vido, Banco Macro y la lista sigue … pero si se trata de utilizar esos fondos para su real uso y concretar la siempre postergada vigencia del 82 por ciento móvil exigido por la Corte Suprema de Justicia en varios fallos, tratándose del único ingreso que percibirán actuales y futuros jubilados, entonces es un “disparate”, “oportunista”, ”mezquino”, “demencial” y “bochornoso”.
Es dable destacar que si de la lista anterior tenemos en cuenta que se están financiando con el estado a empresas privadas, significa que se vuelven a privatizar fondos estatizados, y no a través de las AFJP, sino mediante entidades financieras amigas. Evidentemente, algo está muy mal en el manual de progresismo K.

2- la mala puntería para los negocios(con el dinero público), sobre todo cuando se quieren disfrazar de primeras necesidades para el pueblo, como lo es el Futbol para Todos, un negocio que le sigue dando pérdidas al Estado.
En sólo 10 meses del "Fútbol para Todos", en el que el Gobierno destinó más de $600 millones, no ha recuperado ni un 10% de eso. La publicidad privada (sólo IVECO) y otros ingresos rondan los 30 millones netos. De esta manera la realidad contradice al Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien había afirmado que “el producto fútbol tiene que producir tanto beneficio que no debe costarle ni un centavo al Estado”. Sin embargo, según informó Clarín, por cada hogar en el que hay un televisor que sintoniza el fútbol “gratis”, el Estado desembolsa $ 240 mensuales. Aquí la explicación: el Apertura 2009 promedió los 9 puntos de rating, mientras que el Clausura bajó a los 7. La ecuación es simple: cada punto de rating equivale a 31.474 hogares, durante el último año, el “Fútbol para todos” fue visto por 250.000 hogares. A los gastos por derechos hay que añadirles los de transmisión ($ 30 millones en 2009 y otros $ 22 millones por la mitad de 2010). Por lo tanto en cifras, esto representa $ 240 por cada hogar en que se enciende la tevé para ver fútbol.
"El fútbol se convirtió en un instrumento de propaganda oficialista. Está totalmente a contramano de lo que se hace con el deporte en el resto del mundo”, manifestó el consultor de marketing deportivo Gerardo Molina. En vistas al mal negocio por la pésima rentabilidad de futbol, el Gobierno decidió usufructuar el deporte políticamente, pero el 4 a 0 de Alemania le puso fin al sueño del “Futbol Tapa Todo”.
Carlos Forte

domingo, 4 de julio de 2010

UNA METÁFORA DE LA ARGENTINA DE HOY

La rueda de la fortuna le gira en contra a Kirchner y Maradona

Ha quedado bien claro en estos últimos días que Diego Armando Maradona y Néstor Kirchner comparten el gen argentino de querer ganarlo todo como fuere y de sostener a voz en cuello que los otros siempre están equivocados, mientras que cuando la realidad impone su fuerza y finalmente les tuerce el brazo suelen salirse por la tangente fácil de echarle la culpa a los demás. Nunca una autocrítica.
Después están los rasgos comunes de sus personalidades, como la furia, el desorbitarse ante las adversidades, la pasión casi irracional por imponer sus ideas, aún desequilibrando las reglas de la lógica, las contradicciones permanentes y hasta las imágenes de sensibilidad que suelen exhibir para mostrar un rostro más humano. Por eso, no extraña que estos dos singulares personajes de la vida pública argentina se hayan vuelto a emparentar con sus acciones y declaraciones. Diego, tras la humillante derrota 0-4 ante Alemania en Sudáfrica no logró siquiera bajarse del pedestal de una gloria que ya fue, mientras que el ex presidente acaba de jugar una ficha fuerte cuando, el jueves, afirmó que el espectro opositor “no entiende” qué pasa en la Argentina y menos en el mundo. Para ambos, quienes no opinan como ellos son simples “mediocres”, tal como lo aseveró Kirchner, cuya única misión en el mundo sería la de ponerle palos en la rueda a sus nobles, aunque obcecadas intenciones.
Pero, como la venganza es un plato que generalmente se sirve frío, desde lo futbolístico seguramente ahora le ha llegado la hora de responder a todos aquellos a los que Maradona ofendió con aquella imagen sexual de dudoso gusto que desparramó en el Centenario, tras la clasificación de la Argentina. Y en materia política, aunque probablemente el Mundial haya servido como tapadera de la situación, está bien claro que la oposición, tras haber soportado seis largos años de prepotencia, va a fondo por la revancha. En el Congreso, y aún con las limitaciones que les impone ser todavía un mosaico de muchos colores, los opositores se le han parado de manos al kirchnerismo y tienen al ex presidente contra las cuerdas y casi sin aire, de tantos golpes en el hígado que le han pegado para obligarlo a hacer lo que no sabe: dialogar. En este sentido, los diputados le han recortado al Ejecutivo todos los superpoderes presupuestarios y van a intentar quitarle el control del Consejo de la Magistratura y a reformular el malhadado INDEC. Pero, lo más duro para el Gobierno es que la oposición avanza como topadora a favor de un haber mínimo jubilatorio que se ubique en 82% del salario más bajo de la escala ($ 1.500). Precisamente, en estos días los jubilados han quedado en el ojo de la tormenta, pero esta vez como sujetos activos de la política, ya que han pasado a ser rehenes codiciados en la pelea entre oficialistas y opositores y una vez más variable de ajuste de las necesidades de los demás. Para los postergados de siempre, no está nada mal tener un poco de protagonismo que haga escuchar su voz, aunque las condiciones no sean las mejores, ya que están siendo tironeados por discursos bien agresivos que parecen atender más situaciones de conveniencia política, antes que a un genuino interés por su mal pasar.
Pero, lamentablemente para ellos y tal como están dadas las cosas en materia fiscal, el proyecto opositor de llevar el haber jubilatorio mínimo de $ 895 a $ 1.230 (37,4%), lo que impulsará seguramente un correlato de subas en toda la escala por aquello de la igualdad ante la Ley, puede llegar a ser una ilusión de vuelo corto. Ocurre que la genuina necesidad de millones de personas de edad que viven en situación de permanente tensión porque tienen ingresos por debajo de la línea de subsistencia, proceso que se agrava en lo material porque la calidad de vida de una persona mayor incluye de modo preferente el rubro medicamentos, muchos de ellos crónicos y de altísimo costo, tiene en la actualidad dos barreras de complicado pasaje, como son el embudo fiscal y la inflación, productos de un modelo que sigue siendo defendido a capa y espada por el Gobierno, dentro y fuera de las fronteras.
Para radiografiar sus consecuencias, bien vale reflejar un Informe que dio a conocer al cierre de junio el Programa de Análisis de Coyuntura Económica de la Universidad Católica Argentina (UCA). El mismo sostiene que, si bien los indicadores de actividad económica están en alza, aún con una inversión a la que le falta el “clima adecuado”, un proceso económico como el actual, basado en el consumo y no en la inversión, no se sustenta más allá del corto plazo.
Según la UCA, el punto flaco del modelo es que el recupero del consumo privado no ha sido “generalizado ni suficiente para lograr reducir sustancialmente los niveles de pobreza del país”, por lo que en los hechos se verifica una “incorrelación entre crecimiento macroeconómico y reducción de la pobreza”, tal como ocurría en los años ‘90. Por eso, y al actual nivel de ingresos, hoy los jubilados militan decidídamente entre los pobres. Precisamente, ante esta realidad, allí es dónde el reclamo apunta a que aparezca la política de verdad como mediadora entre las necesidades sociales y las restricciones económicas, casi como un aceite lubricante que elimine la fricción, cuanto más en un tema que debería ser de amplio consenso. Sin embargo, la realidad de la Argentina actual muestra una cara bien perversa del problema, ya que los políticos de toda laya han decidido poner a los jubilados en la situación de Túpac Amaru y tironean de ellos como botín de guerra.
El Gobierno, en su afán de oponerse a los opositores que, a la vez, han encontrado el modo ideal de golpearlo en dónde más le duele, dice que hoy no se pueden pagar esos aumentos, pero omite expresar de modo sincero los por qué del “no se puede”. En realidad, la hojarasca de la discusión y las diatribas gubernamentales, que tienen día a día adjetivos de más grueso calibre, buscan disimular la impresionante salida de fondos por exceso de gastos o la asignación incorrecta de las prioridades presupuestarias.
Desde un costado más ideológico, para el Gobierno aceptar el aumento que motoriza la oposición significa reconocer que se debería hacer un ajuste probablemente ortodoxo, a partir de los indisimulables agujeros que tiene en el casco el modelo en vigencia.
Al respecto, el análisis de la UCA también señala críticamente que este modelo económico que “impulsa la demanda agregada con transferencias sociales” no logra solucionar la pobreza, ya que ésta “tiene un piso estructural de 30%, junto a una informalidad afirmada en 40%” y añade, como una paradoja de la situación, que “el empleo informal se afirma de la mano de los planes sociales”. Justamente, esa informalidad es la que permite que haya 1,5 trabajadores activos con aportes previsionales que ingresan al pozo común de la ANSeS como sustento para cada jubilado, cuando esa relación debería ser al menos de 3 a 1. El resto se cubre con impuestos. Lo concreto es que hoy, el Estado no es que no quiera, sino que no tiene ni puede generar lo que se necesita para atender el eventual aumento que implicaría llegar al 82%, unos $ 16 mil millones anuales de piso con aguinaldos incluidos, porque tampoco el Tesoro tiene recursos, ya que los ha asignado a otros menesteres, como por ejemplo los subsidios destinados a seducir a las clases medias urbanas. Y mucho menos los dispone el ilíquido Fondo de Garantía de Sustentabilidad que armó la ANSeS con el dinero que provino del ahorro privado que estaba en las AFJP, ya que hoy ese Fondo está plagado de papeles estatales imposibles de realizar. Después está el trastorno que le significará al Estado cumplir con la sentencia de la Corte del conocido como “caso Badaro”, es decir la actualización de 88% para todas las jubilaciones que nunca fueron aumentadas cuando se retocó la mínima, tal como fue el temperamento de 12 de los 13 ajustes kirchneristas, lo que según el titular de la ANSeS, Diego Bossio significaría un gasto mensual extra de $ 1.000 millones y un retroactivo, vistas las circunstancias, muy difícil de afrontar.
El otro punto crítico del drama de los jubilados es el inflacionario, debido a que si no se produce un cambio bien de fondo, los precios seguirán subiendo y convertirán en poco tiempo el aumento nominal de $ 335 que podrían conseguir en algo imaginario. En general, la política económica tiene en claro que siempre es más sencillo desde el marketing ajustar por la vía inflacionaria, antes que estar haciendo retoques más clásicos, donde fatalmente alguien tiene que poner la cara. El inconveniente para esta Administración es que se la pasa a diario criticando el ajuste de los demás, sobre todo el que están implementando las economías europeas, como si al final de la carrera no hubiese que pagar los platos rotos. En materia de cálculos electorales, que de eso se trata también el intento de todas las partes por seducir a seis millones de votantes, jugar con la inflación tampoco parecería ser muy redituable para el Gobierno ni para la oposición, debido a que los jubilados de hoy tienen memoria inflacionaria, ya que casi todos ellos eran asalariados cuando estalló la híper de Raúl Alfonsín y sus secuelas y son amantes declarados de la estabilidad. Por eso, votaron a Carlos Menem en 1995 y luego las promesas de seguir igual que hizo Fernando De la Rúa en 1999.
Quizás por ese motivo, el Gobierno ya intentó sacarse el sayo de la inflación para intentar pasarle la responsabilidad a los opositores: “elevar los haberes jubilatorios al 82% móvil disparará un proceso inflacionario, tal como ocurrió en otros tiempos”, metió miedo Florencio Randazzo, con bastante liviandad para un Gobierno que ha hecho del fogoneo del consumo interno su caballito de batalla y que ha maquillado hasta el cansancio los índices de precios al consumidor.
Desde ya, que esas expresiones han sonado de difícil digestión para los jubilados quienes, para nada, se sienten culpables de tanto desaguisado macroeconómico, mientras que los dichos del ministro le están abriendo la puerta a un probable y poco popular veto presidencial a la medida.
¿Qué pasaría si los opositores “entendieran” qué cosas pasan en la Argentina y en el mundo? Entonces serían kirchneristas y no opositores y así se anularía la pluralidad y la posibilidad de rectificar lo que aún puede rectificarse. A la hora de las adversidades, en el fondo, ése parece ser es el sueño de todos los Kirchner y los Maradona que andan dando vueltas por allí: que los demás piensen como ellos o que el mundo desaparezca.
Hugo Grimaldi

jueves, 1 de julio de 2010

"6,7,8" le cuesta al Estado 11 millones de pesos al año

El canal estatal pagará un 150% más que el año pasado a la productora PPT por la producción del controvertido programa 678 que se dedica a atacar opositores y periodistas críticos. La cifra anual que embolsará Diego Gvirtz, cerebro de PPT (Pensado Para Televisión), alcanza los 11 millones de pesos, más un porcentaje de la publicidad que se emitirá en su programa.
PPT pasó de cobrar 440.000 pesos mensuales en 2009 a 760.000 en el corriente año. Además cobra aparte por los programas de los domingos: 50.000 pesos por emisión. De esta manera, de los 7.680.000 pesos que ganó en 2009, este año obtendrá 11.520.000 pesos.
Además, Gvirtz cobrará un porcentaje especial por la publicidad. En el punto 10 del contrato celebrado con fecha 9 de abril de 2010, establecen compartir ingresos con la publicidad no tradicional (PNT): El 50 % de lo que se comercializa va para Pensado Para Televisión y el otro 50 % es para RTA (Radio y Televisión Argentina). En cuanto a la publicidad tradicional el arreglo es similar: Si PPT vende un espacio, se divide 50 y 50. Si lo comercializa Canal 7, el ingreso es todo para el Estado.
El documento (ver galería de imágenes) fue difundido por el periodista Luis Ventura. Perfil.com llamó 14 veces durante tres días a Tristán Bauer, el funcionario que lo rubricó por parte del Servicio Nacional de Medios Públicos, pero nunca hubo una respuesta para saber por qué se había incrementado el contrato, aparte de que se había agregado una emisión semanal más. Varias veces, el vocero Roberto Olivieri prometió una respuesta, pero cada vez que se volvió a llamar a Bauer, se encontraba en reuniones imposibles de interrumpir. Y así estuvo durante 72 horas.
Más allá de la polémica por el nivel de aumento de los honorarios de Gvirtz, lejos, muy lejos, de la inflación anual que señala el Indec, también es llamativa la cláusula que restringe la libertad de acción en cuanto a contenidos. En un contrato previo era explícita la aprobación de los invitados para las emisiones dominicales. El punto 1.7 decía: " La productora comunicará a la Dirección Ejecutiva o a la Gerencia Artística de SNMP (Servicio Nacional de Medios Públicos) el nombre del invitado o invitados a más tardar a las 18 horas del día jueves previo a la emisión del programa, si la Dirección Ejecutiva o la Gerencia Artística de SNMP no aprobaran la presencia del invitado o invitados, la productora propondrá su sustituto a mas tardar el viernes previo a la emisión del programa. Si el sustituto no resulta aprobado por SNMP se cancelará la emisión del domingo siguiente sin que las partes puedan reclamarse nada recíprocamente por tal evento" (sic).
Esta cláusula del contrato, que venció en diciembre, no volvió a ser escrita en el nuevo documento. Y eso puede ocurrir por dos razones. Una es que al Gobierno ya no le interesa supervisar qué invitados lleva Gvirtz a su programa 678. La otra razón, y tal vez la más problable, es que el productor ya dio demasiadas muestras de sumisión al kirchnerismo que ni siquiera necesita una claúsula de reaseguro.
Rodis Recalt