domingo, 6 de febrero de 2011

Túnel

A rauda velocidad, vamos hacia el pasado. Perfume de otrora, palabras de entonces, mitos de otros tiempos, mentiras pretéritas: todo encaja. Aterrorizada por los desafíos del presente, una gruesa capa de argentinos se regocija con los fastos mortuorios del tiempo ido. A él quieren volver, en él se referencian. La desesperación es evidente: despunta 2011 con consignas de hace medio siglo y desde el corazón del Gobierno se inyectan dosis colosales de esta terapia de puro pasado. Algunos casos recientes patentizan el imponente regreso al pasado.

En un restaurante de Palermo bautizado Perón Perón y preferido por el elenco ministerial y la dirigencia kirchnerista, a los parroquianos se les administra cada noche una grabación en la que, con toda su voz, se lee una proclama partidaria que termina al grito de “¡Viva Perón, carajo!”. Aparentemente, el comedero es un exitazo económico, pero el comensal que quiere comerse una mousse de chocolate debe ordenar al compañero gastronómico un “cabecita negra”, fino humor nacional y popular.

El jueves, en otra escena reveladora del alucinante retorno al pasado, el Gobierno inauguró unas Jornadas Nacionales Juveniles Presidente Kirchner, que se proponen encuadrar a veinte mil jóvenes para que salgan a pintar mil escuelas de todo el país. En el acto inaugural, presidido por tres ministros (Alicia Kirchner, Carlos Tomada y Alberto Sileoni, este último titular de la cartera de Educación), la barra congregada coreó las siguientes consignas: “¡Somos de la gloriosa juventud peronista, somos los herederos de Perón y Evita, a pesar de las bombas, a pesar de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido!”.

El clima de hace cuarenta años se torna omnipresente en el verano argentino de 2011. Como si en lugar de Barack Obama, el que durmiera en la Casa Blanca fuese Richard Nixon y el mundo siguiera hegemonizado por los Estados Unidos y la Unión Soviética, el rostro público de la diplomacia argentina arremete contra la existencia de una academia de perfeccionamiento policial establecida por los Estados Unidos en El Salvador y a la que han sido enviados agentes de las policías Federal y Metropolitana. En su filípica, Héctor Timerman arde de antiimperialismo y acusa a la Casa Blanca de formar torturadores y técnicos en golpes de Estado.

Escenario aterrador, la Argentina está cruzada por una llameante retórica directamente anclada en preocupaciones, problemas y lenguajes de hace medio siglo. El mero hecho de remitirse, como guía y faro, a un hombre muerto en 1974 y que nació en el siglo XIX releva de mayores argumentos. Como una regurgitación demorada y especialmente acre, el país degusta los sabores de los tiempos idos.

No es un espontáneo proceso de patológica nostalgia. Se trata de un fenómeno infinitamente más grave, porque lo que sucede es resultado directo de una política oficial; el Gobierno habla desde el pasado y con el vocabulario del siglo anterior.

No se registran antecedentes similares, ni en la región ni el mundo conocido. ¿Quién hace política en Chile reivindicando a Salvador Allende? ¿A quién convoca en Uruguay la mención de Raúl Sendic o Líber Seregni? ¿Se moviliza al Brasil mentando a Getulio Vargas o a Joao Goulart? ¿Es que en Bolivia se arma el futuro desde la evocación de Víctor Paz Estenssoro o Juan José Torres? No es el caso argentino: aquí mandan los muertos, las heridas del pasado, las cuitas de otros siglos. Tiene prestigio despotricar contra Julio A. Roca, resignificar a Sarmiento, reconsiderar a Rosas, embobarse con el combate de Obligado.

Todo encaja en esta dialéctica taciturna y su necia idealización del pasado: el 24 de marzo, para “recordar” el día de 1976 en que las Fuerzas Armadas tomaron el poder, la Argentina cierra por feriado nacional. ¿Recordar? Nostalgioso pero pragmático, este país decide que, siendo ese día un jueves, mejor es declarar feriado también el viernes 25, para que la “industria” turística aproveche. El peor de los mundos: mortuorios y superficiales, pero esencialmente enemistados con nociones mucho menos rimbombantes, como trabajo, seriedad, contracción a la tarea, nuevos paradigmas, criterios diferentes.

¿Por qué las cosas se han dado así? Es como el producto de un reflujo esógafo-gástrico: recuerdos de ingestas muy antiguas se hacen presentes en el paladar cotidiano de la Argentina. Una cínica e inescrupulosa manipulación de los menores de 40 años es llevada adelante por una conducción abroquelada en la idealización del pasado. Empachados de relatos, pipones de epítetos ya opinables antes de que el Che Guevara muriera, reciamente vueltos al pasado, quienes conducen la Argentina hace casi ocho años perseveran en su incontenible apelación a mitos y leyendas de otras épocas.

No hay problemas nuevos ni objetivos diferentes a los de hace medio siglo. Lo más revolucionario que se escucha salir de la boca de los paladines gubernamentales es retornar a la segunda mitad de los años cuarenta, mentada como época feliz en la que la mitad de la riqueza nacional iba a manos de los pobres.

El despropósito central de estas miserias conceptuales es que la realidad tangible de la cotidianidad ridiculiza la jerga de las proclamas oficiales. Esta semana una formación ferroviaria de carga fue bloqueada en José León Suárez y saqueada por habitantes de la villa La Cárcova. Violencia, rapiña, delito, locura, represión, muertes. Ahí está la pobreza, irreductible, feroz, desmesurada y –sobre todo– ajena a relatos, mitos e hipocresías. Al igual que en la Argentina de mediados de los menemistas años noventa, dos décadas después subsiste, más grave, profunda y esparcida que nunca, la tragedia de una pobreza y un atraso patentes y clamorosos.

Mientras Timerman denuncia al imperialismo yanqui, la juventud kirchnerista quiere ser como la JP montonera de hace treinta años y las gastronomía justicialista hace delivery de setentismo al plato, el país duerme la siesta de un palabrerío finisecular, entusiastamente encuadrado en el túnel del tiempo.
Pepe Eliaschev

viernes, 4 de febrero de 2011

El realismo mágico del INDEC

La inflación del último mes del año pasado cerró en 0,8% definiendo así un incremento anual de precios para todo el 2010 de 10,9%, de acuerdo a los datos que acaba de publicar el INDEC en su informe del índice de precios al consumidor (IPC).
A esta altura, ya es conocido que la información que provee el INDEC a la ciudadanía, que es la que paga sus impuestos para mantener al organismo, no es ni siquiera cercana a la realidad. Los partes de prensa del instituto de estadística del estado nacional han acumulado los méritos suficientes para ser considerados parte del realismo mágico, género literario cuyo objetivo es "dar verosimilitud interna a lo fantástico o irreal". De lo contrario, no se explica cómo el índice de precios al consumidor en la región metropolitana de Buenos Aires alcance una variación anual de casi 11%, mientras que en otras regiones del país los precios suben a una velocidad interanual de más del doble, como en Santa Fe (26,2%), Neuquén (27,4%) o San Luis (28,9%).
Tampoco se entienden aquellas cifras oficiales del IPC cuando el mismo INDEC mide un incremento del costo de la construcción de casi 20% para el año pasado, habiendo subido en el mismo período un 25,6% los materiales de construcción y un 21,1% los salarios del sector.
De la misma manera, la consultora que tiene entre sus miembros a Graciela Bevacqua (la ex directora del índice de precios del INDEC que fue echada por Guillermo Moreno) midió para noviembre de 2010 una inflación interanual del 25,6%. La casi totalidad de analistas económicos coincide en que los precios subieron en 2010 alrededor del 25%.
¿Cómo entender sin estos niveles inflacionarios no oficiales la evolución de la recaudación nacional? La AFIP ha recaudado en todo el 2010 casi 410.000 millones de pesos, un 34,4% más que lo logrado en el 2009 (305 mil millones de pesos), siendo que el PIB cerrará el 2010 con un crecimiento aproximado del 8%. Es decir, una cuarta parte del incremento recaudatorio se podría explicar por el crecimiento de la actividad económica. ¿Cómo explicar entonces las tres cuartas partes restantes?
El IVA subió un 33,4%, el "impuesto al cheque" un 30,7%, los tributos sobre combustibles un 31,7% y Ganancias casi un 38%. No existe manera de ocultar una inflación cercana al 25% cuando los tributos relacionados con la evolución de los precios en una economía suben a tasas iguales o mayores al 30% anual. ¿O acaso alguien cree que las tres cuartas partes del aumento recaudatorio es fruto de una menor evasión tributaria? No hay economía que aguante este "apretón" en términos reales en un lapso de 12 meses.
¿Qué se puede decir entonces de la evolución de salarios nominales? Según el INDEC los salarios privados registrados (en "blanco") han subido un 28,9% entre noviembre de 2009 y el mismo mes de 2010: ¿alguien cree que el sector privado puede soportar un aumento de costos salariales en términos reales de un 18% en un año? No luce demasiado creíble frente a la estabilidad de la tasa de desempleo registrada en este último año.
Al tomar la evolución de las ventas de los supermercados, la encuesta del INDEC indica un aumento de la facturación, en términos nominales, de casi el 30% entre noviembre de 2009 y noviembre de 2010. ¿Alguien cree que el volumen ocupado de los "changuitos" es casi un 20% mayor hoy respecto a un año atrás?
No existe ningún indicador económico que pueda justificar la información provista por el INDEC referente a la evolución del índice de precios al consumidor del año que acaba de finalizar. Por eso no es creíble que la canasta básica alimentaria, estimada por el organismo oficial, establezca que para una familia tipo el costo para adquirir las calorías suficientes para vivir alcance los $578 mensuales. Esto supone que la familia en cuestión gasta $20 diarios o casi $5 por miembro familiar.
La evolución real de los precios en el país está más relacionada, como siempre sucede, con el mercado monetario y fiscal. En nuestro país en los últimos 7 u 8 años el gasto público ha venido creciendo desde menos del 30% del PIB al actual 40%. Como no alcanzan ni los recursos provenientes de los tributos ni del endeudamiento entonces se recurre a la emisión monetaria que provee el banco central. Por eso la oferta monetaria (M2: circulante y depósitos a la vista y en caja de ahorro) crece a una tasa anualizada del 35%.
Es decir, se ha vuelto a las andadas en materia monetaria y fiscal. Y cuando se construye un "ducto" desde el banco central a la tesorería nacional no es una buena noticia para la ciudadanía en general. Los argentinos ya tienen experiencia de sobra en esta materia. Por eso, es hora de capitalizar dicha experiencia e iniciar un proceso de responsabilidad fiscal y monetaria.
Pablo Guido

martes, 1 de febrero de 2011

"Dispersión de precios"

Según el ministro de Economía, Amado Boudou, no hay inflación en Argentina, sino dispersión de precios. Recordemos que un tiempo atrás afirmaba que había tensión de precios. Es decir, va cambiando de palabras para no reconocer que hay inflación pero, al mismo tiempo, dice que los empresarios y comerciantes suben los precios y no el Gobierno. Es decir, la culpa de la inflación que no reconocen, no es del Banco Central que emite, sino de otros como de costumbre.

A su última afirmación de que en Argentina hay dispersión de precios, Boudou le agregó que Mercedes Marcó del Pont, la presidenta del Banco Central, compra palta barata en el Mercado Central.

A esta altura del partido como argentino ya me siento cansado que nos tomen por estúpidos. Que nos falten el respeto diciendo semejantes cosas. Una cosa es que haya diferencias de interpretación sobre economía o cualquier otro tema y se produzca un debate y otra muy diferente es que ante la delicada situación inflacionaria que estamos viviendo nos vengan con este tipo de declaraciones. Se nos están riendo en la cara.

Moyano bloquea la salida de los diarios, la policía no aparece y el Gobierno no emite ni una sola palabra condenando el comportamiento del dirigente camionero.

La inseguridad estalla por todos lados, con robos violentos, asesinatos, etc. y Garré no hace nada.

Marcó del Pont insiste con que el crédito se crea imprimiendo billetes, generando una inflación lacerante y encima nos hablan de dispersión de precios.

Ahora van a contralor las tarjetas de crédito y resulta que Cristina Fernández se fue de viaje con casi U$S 100.000 en efectivo, hecho del que nos enteramos porque encima le robaron al empleado del Gobierno que tenía que llevar la plata. Insisto, a esta altura del partido ya no hay debate posible con el kirchnerismo porque se ríen en la cara de la gente aprovechando que tienen el monopolio de la fuerza.

A pesar de lo dicho en los párrafos anteriores, igual voy a ensayar una respuesta a la afirmación de Boudou. Dice que Marcó del Pont consigue la palta muy barata en el Mercado Central y que hay que caminar para conseguir el mejor precio. ¿Qué pretende? ¿Que la señora que vive en Salta, Misiones, Ushuaia o San Juan se venga caminando hasta el Mercado Central a comprar palta? Es más, como economista le recomendaría a la gente que en este contexto inflacionario no camine mucho antes de comprar algo, porque cuando termine el recorrido y descubra que en el primer lugar el precio estaba un poco más bajo, cuando vuelva ya habrá subido gracias a la emisión monetaria que está haciendo el Banco Central.

Justamente, en los procesos inflacionarios agudos, el problema que se presenta es que no se puede hacer lo que dice Boudou, de caminar y buscar precio, porque la moneda se deprecia continuamente y la generalizada suba de precios impide hacer comparaciones como la que sugiere Boudou.

Pero aun suponiendo que lo afirmado por Boudou fuera cierto, ¿no le enseñaron en la facultad que el mercado arbitra? Esto quiere decir que si un producto está más barato en un lugar que en el otro, alguien compra en el lugar que está barato, lo lleva para el lugar que está más caro y lo vende con ganancia. Por lo tanto, al aumentar la demanda en el lugar en que el producto está más barato, el precio sube y tiende a igualarse con el precio del lugar más caro. Ni siquiera pueden argumentar con la más mínima lógica económica. Algo que es de manual.

El kirchnerismo ha hecho de la tergiversación de los datos y de la mentira una forma de gobierno. Dicen que tienen un nivel de reservas que no son tales (sobre este tema ya me he explayado varias veces), afirman que no hay inflación pero hicieron acuerdos de salarios que terminaron en el 40% anual nominal. ¿Qué aumento de productividad tuvo que haber para poder pagar semejantes incrementos salariales? Y el piso que ya están pidiendo los sindicatos aliados al Gobierno para el 2011 es del 30%. ¿Por qué tanto incremento de salario si solo hay dispersión de precios?

Afirman que tienen superávit fiscal y resulta que terminaron el año con un déficit del orden de los $ 30.000 millones cubiertos con emisión monetaria para “realizar” las utilidades inventadas del BCRA, la ANSES y demás organismos.

A todo esto habría que sumarle los anuncios nunca cumplidos como los U$S 30.000 millones de inversiones chinas, los créditos hipotecarios para los que alquilan, el tren bala, etc.

Que el kirchnerismo siga tergiversando la realidad ya no me sorprende. Han pasado casi 8 años que están en el gobierno y de ellos puede esperarse cualquier afirmación por más insólita que sea. Lo que sí me llama la atención es la pasividad y mansedumbre con que la gente tolera que se le rían en la cara de manera tan abierta y con tanta desvergüenza.
Roberto Cachanosky