jueves, 3 de marzo de 2011

Cristina, entre Vargas Llosa y los intelectuales K

Una visión desde España
La presidenta argentina, Cristina Fernández, ha pedido al presidente de la Biblioteca Nacional, Horacio González, conocido intelectual kirchnerista, que retire su carta exigiendo a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires que el escritor y Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, no fuera invitado como orador principal en la inauguración de la 37ª edición, que abre sus puertas a finales de abril. Cristina Fernández, según ha anunciado González, le explicó, se supone que muy cuidadosamente, que "no es concebible la vida literaria y el compromiso con la ensayística social sin el absoluto respeto por la palabra de los escritores —o de cualquier ciudadano— cualquiera que sea su significado o intención".

El director de la Biblioteca Nacional, iluminado por la presidenta y atraído por su idea de que "no se puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal y como sus autoridades lo hayan definido", comprendió finalmente que no era ningún desdoro para los intelectuales argentinos que un Premio Nobel de Literatura inaugure una Feria del Libro y aceptó el consejo presidencial de retirar su demanda.

La polémica sobre la iniciativa de Horacio González tuvo una inmediata repercusión en medios culturales internacionales, perplejos ante la idea de que Mario Vargas Llosa pudiera ser vetado para hablar en la inauguración de una Feria del Libro. Para colmo, la discusión estalló el mismo día en que la presidenta Cristina Fernández inauguraba la legislatura con un importante discurso político ante el Congreso, que se vio, en parte, oscurecido por la noticia sobre Vargas Llosa.

La decisión de retirar la protesta no implica, en absoluto, que en la Argentina haya terminado la polémica sobre si un escritor liberal, crítico con el peronismo y con el gobierno Kirchner puede ser invitado a hablar en un acto como una Feria del Libro. Decenas de intelectuales cercanos a la presidenta Cristina Fernández o militantes de grupos kirchneristas en general, hicieron oír rápidamente su disgusto, desagrado o malestar por la presencia del Premio Nobel en la feria porteña.

Según otra carta mencionada por el diario Página 12 (muy cercano a los Kirchner), otro grupo de intelectuales, encabezados por José Pablo Feinmann, Ricardo Forster y Diana Bellessi, entre otros, expresaron su "profundo desagrado y malestar" por la presencia de Vargas Llosa, "vocero de los grupos multinacionales editoriales y mediáticos, de un supuesto "liberalismo" de sometimiento y depredación, y de oposición a lo que ellos denominan gobiernos populistas". Para ese grupo de intelectuales, que proclaman su vocación "patriota", "Mario Vargas Llosa se ha ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad".

Sin menciones a la política nacional

La guinda más curiosa la puso el conocido editor Daniel Divinsky, quien declaró que admitía la presencia estelar de Vargas Llosa en la Feria, "siempre que haya un compromiso tácito de que no va a incursionar en la política nacional, sobre la que tanto se equivoca", es decir siempre que se le advierta sobre de qué puede hablar y de qué no.

Eduardo Sacheri, autor de la novela en que se inspira la película El secreto de sus ojos, señaló cuidadosamente que "respeta profundamente" la posición del director de la Biblioteca Nacional , pero que no se siente "ofendido" (¿?) por la invitación. Por el contrario, opina que su presencia como invitado especial en la Feria ayudará a desmentir algunas de las críticas de intolerancia que el premio Nobel hace a gobiernos como el argentino.

La polémica ha ayudado, sin duda, a aclarar cuál es la posición política y el grado de tolerancia de algunos intelectuales argentinos y ha dado una especialísima relevancia a la presencia de Mario Vargas Llosa, cuyo discurso inaugural podría convertirse en escenario incidentes o "escraches" de grupos populares kirchneristas enfadados con su visita.

Mario Vargas Llosa aseguró este miércoles a El País que tiene la intención de participar en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires mientras que los organizadores no retiren su invitación. "Me parece muy lamentable que alguien quiera vetarme en Argentina, porque la única vez en que me ocurrió eso fue durante la dictadura militar, cuando un general que se llamaba Harguindey prohibió dos de mis libros, "Pantaleón y las visitadoras" y "La tía Julia y el escribidor".

El premio Nobel de Literatura reiteró su deseo de acudir a la feria, como estaba previsto, y que el acto se pueda realizar sin incidentes. Los escraches (americanismo que significa atacar a alguien reiteradamente y con dureza) son frecuentes en la vida política y cultural de Buenos Aires y han estado presentes en ediciones anteriores de la Feria del Libro, especialmente en los actos en los que se criticaba al gobierno de Venezuela o al kirchnerismo.
Soledad Gallego Díaz
El País.com

miércoles, 2 de marzo de 2011

Monumentos y estatuas a la corrupción

La nueva inauguración de Yacyretá es una buena noticia que habla del fracaso colectivo a la hora de planificar y ejecutar con eficiencia. Discrecionalidad y autoritarismo sembraron el país con otros casos.

En diciembre pasado, después de 24 años de construcción, se terminó, dicen los anuncios oficiales, la autopista Rosario-Córdoba. El viernes último, después de 37 años, se inauguró, aunque faltan algunas obras complementarias, el nivel definitivo de la represa de Yacyretá.
Dos buenas noticias que nos obligan a repensar cómo se encaran las inversiones públicas en el país.
Esas buenas noticias son, a la vez, la historia de un fracaso colectivo. Un fracaso en materia de planificación, administración, eficiencia, combate a la corrupción, etc.
A estas dos obras emblemáticas, podríamos sumarle, en un marco más actual, desde gasoductos hasta escuelas. Desde ferrocarriles hasta puertos.

La Argentina de los últimos años, pese al aparente éxito que reflejan estas “inauguraciones” y otras, no ha presentado una solución eficiente a su endémica incapacidad por hacer bien la infraestructura pública.
Este es un problema muy extendido en el mundo. Por definición, la obra pública es más “lenta” que la obra privada.
Al tratarse de la administración de recursos públicos, surgen sistemas, mecanismos de licitación y control, diferentes a los que utiliza el sector privado.
Y son, paradójicamente, esos mismos mecanismos los que llevan además, a ineficiencias, sobreprecios y corrupción. Pero no es menos cierto que en nuestro país, estas cuestiones se han exacerbado.

En el resto del mundo, este problema se trató de minimizar estableciendo esquemas de “asociación público-privada”, mal llamados, malintencionadamente, “privatizaciones”, para aprovechar lo mejor del mundo privado e insertarlo en un marco público. En esos contextos, un contrato bien diseñado, transparente y vigilado por organizaciones no gubernamentales y organismos de control profesionales ha permitido al sector privado, construir, financiar, y operar a su riesgo, infraestructura pública.
Nuestro país adoptó este sistema, en parte, en la nefasta década de los 90. Gracias a ello, una porción de la infraestructura pública sigue vigente, pese a la ausencia de inversiones de magnitud en los últimos años.

Luego de la ruptura de todos los contratos y esquemas, con la implosión de la convertibilidad en 2002, el ciclo kirchnerista, en lugar de retomar el sistema, corrigiendo lo malo y readaptando los contratos a la nueva realidad local y global, abandonó este paradigma, para encarar un esquema “mixto”, en donde las decisiones de inversión, los fondos y los riesgos, son, mayoritariamente, públicos, mientras el sector privado volvió al viejo y cómodo papel de contratista, en donde las responsabilidades de cada parte se han diluido y confundido con entes reguladores destruidos –salvo excepciones– en un marco de discrecionalidad y autoritarismo.

Yacyretá ha sido el monumento a la corrupción, pero hoy en día, tenemos una extensa lista de estatuas en homenaje al mismo dios, diseminadas a lo largo y ancho del país, que, si la Justicia argentina funcionara en serio. Mucho se ha hablado y escrito en los últimos meses, en torno a los problemas de sustentabilidad macroeconómica de largo plazo del crecimiento actual.
Pero aun cuando superemos con costos, sin dudas, las inconsistencias de la actual política macro, que se manifiestan en alta inflación, pérdida de competitividad, baja creación de empleo privado, restricciones crecientes al comercio exterior, precios relativos distorsionados, acortamiento de los plazos de negociación salarial, marañas de subsidios cruzados, etc., seguirán vigentes las limitaciones de infraestructura pública, claves para poder crecer persistentemente a tasas razonables.
Para superar esas limitaciones, tendremos que diseñar nuevos instrumentos que reemplacen el esquema arriba descripto.
Todo un desafío. Teniendo en cuenta que no podemos volver al diseño “puro” de los 90, ni simplemente “emprolijar” la situación actual.

Reconstruir un ámbito adecuado para una inversión en infraestructura eficiente se sumará, entonces, a la lista de temas que heredará el próximo gobierno, sea cual fuere.
Yacyretá por fin se terminó, felicitaciones. Pero no olvidemos lo que representa. La pagamos demasiado cara para olvidar.
Enrique Szewach

martes, 1 de marzo de 2011

Cristina eterna

Mientras que en el plano global se asiste en los países del norte de África a la caída de gobernantes eternizados en el poder y en el más cercano contexto regional se observa en las naciones vecinas una consolidación democrática y un afianzamiento de las instituciones, aquí se oye el discurso de voces trasnochadas en un anacrónico planteo de reelección indefinida. Un coro de lumpenes morales que en el paroxismo de su degradación como individuos claman Cristina eterna.
No importa el esfuerzo que hagan para disimularlo, tarde o temprano emerge el fascista oculto detrás de su máscara progresista y dejan ver su verdadero rostro, su esencia sectaria ávida de poder.
Claudio Brunori