domingo, 12 de junio de 2011

Billetera no mata verdad

Sergio Schoklender dirime sus diferencias a punta de pistola. Hace ocho años, ya se mostraba como un matón armado en la Universidad Popular de las Madres y nunca abandonó esa maldita costumbre de imponer sus decisiones con el dedo en el gatillo.

Todavía la Justicia no tomó cartas en este asunto. Está muy ocupada rastreando los orígenes de su fortuna y las características de la asociación ilícita que lideró para lograrlo. Aseguran que irá preso más temprano que tarde. El patoterismo de Schoklender, que utilizó como escudo el pañuelo blanco de Hebe de Bonafini, fue tal vez el principal motivo del alejamiento de intelectuales de izquierda, como Vicente Zito Lema o Néstor Kohan (director de la Cátedra Che Guevara), de otras madres de Plaza de Mayo que luego se llamaron Línea Fundadora, como Nora Cortiñas y Taty Almeida, y de las distancias que tomaron líderes de la lucha por los derechos humanos como Estela de Carlotto, Adolfo Pérez Esquivel y Graciela Fernández Meijide, entre otros.

Ya revelamos cómo el escritor y periodista Zito Lema, sospechando un posible ataque mafioso, en el punto 9 de su carta a Hebe escribió: “Con dolor debo advertir públicamente que todo atentado o ‘extraño accidente’ contra mi persona o contra mi familia caerá como responsabilidad sobre el administrador Sergio Schoklender, de quien ya conocemos perversas prácticas”.

Muchos artistas y personalidades de la cultura progresista dejaron pasar con un silencio cómplice este y otros hechos graves, como el día en que Schoklender, delante de Hebe, le puso un revólver en la cabeza a Alberto Lapolla y lo expulsó del edificio de las Madres. Lapolla falleció recientemente y fue uno de los cuadros de mayor formación intelectual de la izquierda. Ingeniero agrónomo, médico genetista e historiador, abandonó dolorido los alrededores de Hebe. Primero militó con Pino Solanas y después se sumó al grupo de Luis D’Elía. Lapolla supo siempre quién era Schoklender. Tal vez por eso, D’Elía sorprendió planteando que “Hebe tendría que haber estado al tanto y que hay que determinar dónde empiezan sus responsabilidades”.

Al triste tema de las amenazas a Zito Lema y Lapolla se refirió anteayer el doctor Alfredo Grande. Contó que la reunión que se hizo para informar los motivos de la renuncia de Vicente Zito Lema como director académico de la Universidad de las Madres y de la que “quedan testigos presenciales, fue con un alto nivel de violencia simbólica y real, como la que sufrió el corajudo Alberto Lapolla”. Con ese nivel de impunidad se movía Schoklender, con la complicidad de Hebe. Dice Grande sobre esa relación: “Pero el amor, nos enseña Freud, nos vuelve débiles y dependientes del objeto amado. Y cuando el amor transforma un ideal en idealización, entonces podemos hablar de los amores que matan, que no estoy tan seguro de que sean los que nunca mueren. En ese momento, en ese preciso momento, ya no fue suficiente abrazar a las Madres de la Plaza. Cuando se tensa el conflicto entre ética y amor, los que elegimos la ética no quisimos seguir disociando porque había dejado de ser operativo. Las notas que Zito Lema escribió en febrero de 2003 determinaron una escisión. Y las Madres eligieron por Sergio Schoklender.”

Grande es miembro “correspondiente de honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría” además de ser psicoanalista y director de Atico, una prestigiosa cooperativa de trabajo de salud mental. Escribe con belleza en distintos foros alternativos y es un experto en las conflictivas relaciones entre psicoanálisis y marxismo. Su valiosa nota ayuda a comprender más profundamente la crisis fenomenal que están viviendo las Madres. Grande recuerda lo que pasó después de aquella ruptura: “Sin Vicente en la Universidad, varios pudimos sostener lo que las Madres nos habían enseñado. Luchar y resistir. Curiosamente, las reuniones de alumnos eran mal vistas. Se implantó un estado paranoico, donde se había dejado de pensar para solamente dedicarse a acusar. En ese momento, la única disponibilidad simbólica que había era Braden o Perón, perdón, Hebe o Vicente. En el orden que se prefiera. Haber enfrentado a Sergio fue tomado por las Madres, en especial por Hebe, y por muchos docentes y pocos alumnos, como un ataque artero y traidor a las Madres. Y allí quedó sembrada la semilla de una yerba mala: Hebe y Sergio eran lo mismo. Enfrentar al Uno era traicionar a Todas las Madres”.

Grande, que fue cofundador de la Universidad de las Madres en 2000, escribió que “Kirchner era el Constantino de los derechos humanos, porque había logrado capturar para la lógica del Estado el colectivo revolucionario de las Madres”. Y se lamentó de la mutación de Schoklender, producto de “lógicas parásitas, de enriquecimiento ilícito pero legitimizado”.

Los dirigentes inmaculados que hemos nombrado deberían revertir cuanto antes el viento nauseabundo que tira el ventilador que prendió Schoklender. Tal vez, el camino más ético sea volver a las fuentes, a escuchar a los honestos luchadores que no se quiso escuchar en 2003, a los que siguieron creyendo que la sagrada tarea de defender los derechos humanos no debe mancharse con dólares, ni yates, ni Ferrari, ni con delincuentes armados, ni apoderados de un poder abdicado por su madre y no permitir jamás la cooptación de las camisetas partidarias. Los partidos representan fragmentos de la Argentina. Los derechos humanos nos deben representar a todos. Schoklender se levantó en armas para hacer su fortuna y amenazó a los pobres del Chaco que estaban con Emerenciano Sena, a los desposeídos que seguían a Raúl Castells, a los de la Villa 20, a los “narcotraficantes” que –según él– tomaron el Indoamericano o a los pesados de La Salada o el Mercado Central. Hoy Hebe, en su desesperación, insiste con frágiles argumentos que merodean el marxismo, al decir que los Schoklender fueron traidores y estafadores por pertenecer a la clase social de los empresarios. Hasta ahora, por temor o hipocresía, nadie fue capaz de recordarle que a esa misma clase social pertenece el matrimonio Kirchner, que también acumuló un patrimonio difícil de explicar.

Hebe no tiene un peso y es honrada. Pero la diferencia no es de cuenta bancaria; es de honestidad intelectual. Es entre la heroica lucha que ella libró en pleno terrorismo de Estado y la nula actividad en ese rubro de los Schoklender y los Kirchner en esas horas terribles. Billetera no mata verdad.
Alfredo Leuco

miércoles, 8 de junio de 2011

El populista fino

En los años setenta, sectores de la burguesía intelectual brindaban por la guerra revolucionaria desde las cátedras, los consultorios, los estudios de arquitectura, los recintos psicoanalíticos, etc. Otros tomaron las armas y murieron en la lucha. Algunos debieron exiliarse y varios fueron secuestrados y asesinados. Pasadas cuatro décadas, recambios generacionales y conmociones políticas que cambiaron radicalmente el panorama mundial, el kirchnerismo ofrece la oportunidad de la emergencia de un simulacro de aquellos protagonistas de una era de gran violencia. En estos tiempos, vemos cómo doctorandos y posdoctorandos conservan la mueca de un doloroso recuerdo y trasmutan la tragedia en un melodrama. Disponen una cara de pensador, profunda preocupación por el destino de la humanidad, compromiso con la verdad, y le ofrecen a la cultura oficial la necesaria espiritualidad que todo poder ansía. Son los populistas finos. Los otros populistas, los de barricada, aquellos que gritaban ni yanquis ni marxistas, han quedado en el olvido. Ahora ya no se grita. Nos acostumbraron a que se rumia, se mastica con parsimonia, en nombre de Gramsci, Benjamin, y se les agrega Scalabrini, Jauretche y Rodolfo Walsh, para que la salsa sea nuestra y universal a la vez. Ni hablar del docto que en nombre de Lacan, Althusser y Derrida, aclara el motivo por el que nos conviene un Chávez argentino. Para no amedrentar a la muchachada con vocablos exóticos, el populista fino sabe que tiene que emplear palabras punzantes para que alguien lo entienda. Dice entonces “neoliberalismo”, porque si no lo hace se queda sin demonio y sin prójimos. Si antes decía nihilismo, Viena y Weimar, sociedad de consumo, el Yo y el Tú, el Rostro y el Otro, vanguardias estéticas, razón instrumental y tantas efigies de una filosofía pastoral y amarga, ahora con el neoliberalismo tiene la nueva partitura para acompañar su miserere moral.

El populista fino nos cuenta, entonces, las lacras del neoliberalismo. Pero como tiene cola de paja como las brujas, debe ponerse la máscara de Savonarola para declamar injusticias, subido al púlpito mediático. Pero en ese rinconcito del corazón en el que duerme con un ojo abierto la lechuza llamada Verdad, se deja oír el llanto del ave encadenada que recuerda que ese movimiento histórico fue el que catapultó a Néstor Kirchner al estrellato, gracias al cual recibió centenas de millones de dólares por la federalización de los recursos naturales y la venta de YPF. Tal dádiva le permitió convertirlos en Bonos que duermen enterrados en Calafate. El populista alta gama puede darle las gracias al amigo Cavallo, gracias al hermano Menem, porque aquellos años fueron felices en especial en el Sur, las imágenes lo muestran, el agradecimiento del gobernador de Santa Cruz era infinito, y la colaboración de la Presidenta en el Pacto de Olivos era lo menos que podía hacer para expresar su gratitud. ¿Cuál es la extraña razón por la que todos los que hoy se persignan cuando se dice “neoliberalismo”, lo adoraban como al Vellocino de Oro mientras devoraban la pizza y brindaban con champagne? Porque era de oro. Cuando el oro se hizo latón, después de la crisis de los mercados emergentes, comenzaron a pelearse por buscar la salida antes de que el barco se hundiera del todo para hacerse sin pérdida de tiempo de billetes con la devaluación.

No es fácil ser un populista fino. Su rostro adusto debe posar al lado de la máscara hilarante y exaltada del jefe perverso. El puritano de las letras debe acomodarse a las intrigas del príncipe político. Para un perverso, el superyo es su socio. Puede decir las más ingentes barbaridades y traicionar a quien fuere sin que se le mueva un pelo. Cada norma, regla, ley, cada aspecto de la realidad, es una oportunidad que tiene para pintarrajearla como se le antoje. Practica el juego “ubuesco” del poder tal como lo definía Michel Foucault. El rey Ubú, el loco de Alfred Jarry, se aloja en el trono de todos los déspotas circenses de la historia. Cuanto más irrisorio es el modo en que ejercen el poder, tanto más desfachatado y menos importancia le dan a lo que se espera de su investidura; cuanto más escupen sobre los fundamentos que los legitiman, cuánto más mienten a viva voz, mejor exhiben la omnipotencia de su dominación. Nosotros disfrutamos con alegría la regencia de este tipo de personajes casi sin respiro hasta el día de hoy. Ejemplos: ¿No era ubuesco el Comité de Etica que formó en su tiempo Carlos Menem? ¿No constituían una demostración de poder ubuesco las candidaturas testimoniales de hace dos años? Este tipo de manifestación arbitraria y jocosa encarna el fenómeno de la soberanía grotesca, subproducto –como lo señala el filósofo francés– del ejercicio arbitrario del poder. Y este fenómeno tiene su efecto de resonancia. Por eso, hoy abundan los periodistas grotescos, los filósofos grotescos, los políticos ídem, sin olvidar que hay populistas finos también.

Gracias a este último agregado cultural, es posible que en tiempos electorales percibamos cierta elegancia de parte de los elencos oficiales. Producción de sonrisas, invocaciones a la diversidad y al pluralismo, tonada conciliadora, invitaciones a compartir tertulias, presentaciones de candidatos con cara de sobrinos preferidos y retoños cumplidores. Elegancia con poco Pérsico, casi nada de D’Elía, nada de Moyano, un Timerman y un De Vido meditando en la cucha, menos palabras dedicadas a la distribución de la riqueza –más aun cuando se quiere atraer a algunos votantes que en parte la poseen–, mucha Camporita juvenil y funcionarios con jopo y viola. Si hubo champagne en los noventa y sushi en el dos mil, los populistas finos y adláteres propondrán lo suyo.

Mientras preparan la mesa para el banquete triunfal, el doctor de los humildes hará uso de mala poesía y con retórica pomposa entonará una pasionaria para gloria de las multitudes, que evoca aquellos espectáculos de la inmortal Berta Singerman recitando la Marsellesa en el Teatro Municipal San Martín. No hay como Adolfo Bécquer y Amado Nervoudú para escribir las elegías kirchneristas. ¿No cumplían la misma función los evangelistas que acompañaban a los colonizadores con el fin de trasmitir un nuevo lenguaje en nombre de la salvación de las almas? Debemos admitir que el populista fino que antes sólo tenía ideas ahora tiene pueblo. Tiene la costumbre de llamar pueblo a los que no viven en Barrio Norte, como las gorilas María Belén y Alejandra, personajes célebres de Juan Carlos Colombres “Landrú”.

Estos nuevos actores de la escena política argentina no son para desdeñar. El populista fino, el economista canchero, las actrices extasiadas por amor al modelo, ah, cómo olvidarnos del periodista militante twitteando desde la trinchera, y el papá que vuelve a la secundaria para hacer la huelga con su hijo, todos estos protagonistas debutan en la escena política. Con la ayuda del dios del tiempo, Cronos, que nos da las lluvias que fertilizan las pampas, del dios Hefaistos que templa los hierros en los suburbios industriales de San Pablo, y de la diosa Métis, hija de Océano y esposa de Zeus –protectora de astutos y ladinos– recibirán, mediante la ayuda divina y la contribución ciudadana, la ansiada bendición de octubre.
Tomás Abraham

domingo, 5 de junio de 2011

Reinventar el pasado

Kirchner y los derechos humanos: Los hechos y las posiciones del ex presidente, durante la dictadura y en democracia, son a prueba de periodismo militante y manipulaciones.

Horacio Verbitsky hizo un gran esfuerzo por inventar un pasado combativo que Néstor Kirchner no tuvo. Sus intenciones cayeron en saco roto porque la realidad es más fuerte que las expresiones de deseo. Fue el domingo pasado, mientras el periodismo no militante empezaba a desarticular todas las mentiras del delincuente y fabulador Sergio Schoklender. Verbitsky, en cambio, prefirió criticar el libro de Beatriz Sarlo y decir que la ensayista “ignoró el compromiso de Kirchner con los derechos humanos previo a su presidencia”. Nos proponemos confirmar que la autora de La audacia y el cálculo estaba rigurosamente en lo cierto. El ex presidente jamás realizó ninguna acción en defensa de los derechos humanos en la dictadura y, ya en democracia, durante sus gobiernos en Río Gallegos y Santa Cruz nunca hizo ni siquiera una misa los 24 de marzo, en homenaje a los desaparecidos. Peor aún, ordenó que no se prestaran edificios estatales para esos actos y que sus medios adictos los ignoraran.

Verbitsky utilizó dos instrumentos para su voluntarismo. Su propia opinión , al acusar a Sarlo de “falta de sustento fáctico”, y un video que recomienda ver en YouTube de un acto de 1983. Allí puede observarse a Néstor Kirchner despotricar contra “la represión de la dictadura que ensangrentó a todo el pueblo argentino”, y tratar de “sinvergüenzas” –en lugar de genocidas o terroristas de Estado– a Videla, Massera y Agosti, “responsables de los crímenes cometidos contra el pueblo”, sin mencionar la palabra desaparecidos.

Una postura mas tímida que la que Herminio Iglesias y Deolindo Bittel exhibieron en plena dictadura cuando las balas picaban cerca, durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en 1979. Ese histórico documento del PJ denunció: “La muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos” y “la violación sistemática de los derechos humanos”.

Es decir, menos audacia y más cálculo de un Kirchner que en esa ocasión lanzó la candidatura de Manuel López Leston –cosa que Verbitsky no dice–, un tío de Néstor que había sido ministro provincial durante la dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse. Ese video, esgrimido como único argumento “con sustento fáctico” por el periodista, no alcanza para un análisis político de la agrupación de los Kirchner, que en esa interna ocupaban la franja que reivindicaba a la ex presidenta Isabel Perón y, en consecuencia, se alineaban nacionalmente con su ministro Angel Federico Robledo y Carlos Ruckauf, firmantes del decreto de “aniquilamiento del accionar subversivo” .

Del brazo de su cuñado, Armando “Bombón” Mercado, dirigente de los petroleros de Diego Ibáñez, el grupo de seguidores de Néstor y Cristina acompañó en un acto de desagravio a Rodolfo “Fito” Ponce, la mano ultraderecha de Ibáñez, dirigente del gremio de los elevadores de granos y uno de los pocos señalados por Raúl Alfonsín en su denuncia sobre un “pacto sindical-militar”. Ponce fue identificado en Bahía Blanca como uno de los fundadores de la Triple A de José López Rega, que asesinó a dirigentes populares como Rodolfo Ortega Peña, Atilio López y Silvio Frondizi, entre otros.

En su momento, la revista Noticias reveló la foto de Kirchner con el general Oscar Guerrero (discípulo de Camps) en un acto por Malvinas, donde reclamaron el diálogo entre los militares y “las fuerzas vivas”. Un año antes, en 1981, el matrimonio Kirchner había firmado una solicitada calificando el régimen como “Estado de derecho” y tanto Carlos Alberto Muratore como Carlos Sánchez Herrera fueron funcionarios de Kirchner, pese a que el primero había sido ministro de la dictadura y el segundo, abogado defensor del general Juan Baustista Sasiaiñ, condenado por delitos de lesa humanidad.

La rigurosidad de los hechos demuestra que Néstor Kirchner no presentó ni un hábeas corpus por los detenidos desaparecidos y que, con su estudio jurídico, se dedicó a enriquecerse y quedarse con las viviendas de deudores hipotecarios que no podían hacer frente a sus compromisos, por la tablita de Martínez de Hoz.

“Te juro por los huesos de mi viejo que los Kirchner jamás se acordaron de él. Sólo quisieron utilizarlo, con un oportunismo repugnante.” El que habla con emocionada indignación es Marcelo, hijo de don Jorge Cepernic (secuestrado por la dictadura), el ex gobernador de Santa Cruz y uno de los más identificados con el camporismo de la Tendencia Revolucionaria de aquellos tiempos.

Ya revelé lo que ocurrió con la ley que estableció el 24 de marzo como Día de la Memoria.El proyecto de Argentino “Cococho” Alvarez y Carlos Pérez Rosetti (País-Frepaso) en su segundo artículo establecía “instruir al Consejo Provincial de Educación” para que en las escuelas se expliquen las consecuencias del terrorismo de Estado del golpe de 1976 e “incentivar entre los alumnos los hábitos y las conductas democráticas”.

El bloque del oficialismo kirchnerista, que integraban entre otros Cristina Fernández, Carlos Zannini y Héctor Icazuriaga, se negó a aprobar ese artículo porque no querían “provocar” a las familias militares de esa provincia.

Los periodistas sabemos que los hechos son duros y las opiniones flexibles. Néstor Kirchner llegó a la presidencia e hizo descolgar el retrato de Videla y desplegó una actividad incesante para levantar los derechos humanos como bandera permanente. Sería tan torpe negar esa evidencia como fantasear con actitudes heroicas que los Kirchner no tuvieron. Todas estas certezas conforman el “sustento fáctico” que Verbitsky desconoce y le reclama a Sarlo.

La discusión política sobre si Néstor Kirchner “utilizó” o no a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo para blindar su gobierno ante las denuncias de graves casos de corrupción sigue en pie. ¿La falta de compromiso previa de los Kirchner invalida lo que hicieron desde el Gobierno nacional? ¿Es oportunismo o un despertar tardío, siempre bienvenido? Un debate necesario que debe hacerse a fondo. Sin ocultar ni inventar nada.

Fuentes que coinciden
Con el objetivo de ganar en claridad informativa, sinteticé las declaraciones de seis entrevistados y las informaciones que fueron coincidentes entre los consultados: los ex diputados del Frepaso Rafael Flores y Argentino “Cococho” Alvarez, María de los Milagros Pierini (ex Asamblea Permanente y Movimiento Ecuménico y profesora de Derechos Humanos en la Universidad Patagonia Austral), Bernardino Zaffrani (Comisión de Derechos Humanos de la Federación de Abogados), Miguel Coifman (periodista) y Marcelo Cepernic (ex intendente de Ríos Gallegos), a quienes sólo un demente podría ubicar a la derecha del espectro político.
Alfredo Leuco