domingo, 19 de junio de 2011

Pase de facturas

Está crujiendo el matrimonio de conveniencia entre Cristina Fernández y el progresismo. Como en toda pareja, la responsabilidad de las grietas que han aparecido es de ambos. Se pasan facturas mutuamente. La Presidenta no puede entender cómo es posible que, después de ocho años de actuación de una maquinaria de prebendas millonarias y de propaganda, su reelección siga dependiendo casi en exclusiva del pejotismo que tantas veces despreció.

El mapa electoral es contundente. Casi un teorema: allí donde hay candidatos de matriz progresista crecen las posibilidades de perder y, por el contrario, donde manda el peronismo, el triunfo estaría garantizado. De un lado hay que ubicar las dificultades que están padeciendo tanto Daniel Filmus en Capital como Agustín Rossi en Santa Fe. Ni hablar de Córdoba, donde el progresismo puede consagrar un gobernador llamado Luis Juez y el kirchnerismo se debate entre guatemala y guatepeor, es decir, entre no tener candidato o apoyar a un símbolo del otro bando: José Manuel de la Sota.

La excepción que confirma la regla es Sergio Urribarri en Entre Ríos. Pero los ejemplos de justicialistas que fingen cristinismo hasta el 23 de octubre son abrumadores, empezando por Daniel Scioli que, al igual que Jorge Capitanich, son cuadros permanentes de todos los peronismos, desde Menem a Cristina pasando por Duhalde y Néstor. La historia se repite como comedia con las caricaturas de los “eternos” Gildo Insfrán y José Luis Gioja o el respaldo saadista en Catamarca o menemista en La Rioja.

Feudalismo en estado puro. Y el peor escenario aparece en la provincia que los Kirchner manejaron como si fuera propia durante tanto tiempo. Puede caer en manos del radical Eduardo Costa (que ya ganó en 2009) o mostrar la fractura expuesta entre el gobernador Daniel Peralta, otro pejotista derechoso, y el disfraz progresista de Rudy Ulloa que padeció la misma enfermedad de sus patrones: el enriquecimiento súbito.

El fenómeno se repite calcado entre los intendentes bonaerenses. Se dejan poner de prepo candidatos de La Cámpora y negocian bajo cuerda con Duhalde o Francisco de Narváez o con el mismísimo Scioli. Sienten que la única forma de responder al sometimiento es traicionar en defensa propia. Salvo que algún periodista militante se atreva a decir que Raúl Otacehé, Hugo Curto, Mario Ishii o Julio Pereyra se formaron en las lecturas de Gramsci. No lo descarto. Hay algunos conversos que han hecho un posgrado en explicar lo inexplicable, empezando por la fortuna que ganan y por la flojedad de sus papeles en el pago de los impuestos.

¿En dónde fallaron los Kirchner? ¿Cuáles son los motivos que les impidieron tener éxito en inocular progresismo bien pensante en las venas del peronismo silvestre? Primero, la sobreactuación. El haber alardeado de lo que no fueron ni hicieron. Era más sencillo y productivo decir la verdad que inventar un relato heroico de sí mismos. Los cimientos fueron de barro. Néstor hubiese ganado más solidez reconociendo lo que sí fue: un animal político sagaz, un administrador eficiente, un caudillo provincial típico que resolvió (siguiendo el manual de instrucciones peronista) interpretar los vientos keynesianos y centroizquierdistas que soplan en América latina. Esa falacia original intentó encubrir los negocios sucios. Ahora que se está corriendo ese velo, aparece la verdadera cara de una corrupción que desilusiona y desmoraliza. Por eso tiembla tanto la estructura cuando las vigas maestras de Hebe y Estela se debilitan. Concretaron el sueño de Alfredo Astiz y del terrorismo de Estado: sentar a Bonafini en el banquillo de los acusados. Y todo por culpa de la bulimia por el dinero de Sergio Schoklender pero también por el mecanismo de cooptación que aplicó Néstor Kirchner en todos los planos y, también, con las Madres de la Plaza. Carlotto, de intachable actuación previa, también cayó en la trampa de colocarse la camiseta K y de ser funcional al oficialismo al transformar la búsqueda legítima y necesaria de la identidad de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble en un ataque partidario. Si se prueba que Marcela y Felipe no son hijos de desaparecidos, otra vez la exageración del gesto los habrá dejado pedaleando en el aire y el costo político lo pagará la respetable entidad de las Abuelas. Y la Presidenta, que el 24 de marzo del año pasado, en la ESMA, arriesgó su investidura cuando violó el principio de inocencia y la división de poderes al acusar a la dueña de Clarín de “apropiadora”, casi como una expresión de deseo.

La guerra de los roses del Inadi también expresó como vómito una metodología perversa de reclutamiento y de conducción desde el Estado. Florencio Randazzo quiso zafar del atolladero elogiando a la Presidenta por su decisión de intervenir el organismo que lucha contra la discriminación. Dijo que ni Morgado ni Rachid “eran las personas adecuadas para el cargo”, como si las hubiera designado Héctor Magnetto. La revista Barcelona lo puso en clave de chicana humorística: “Nace el opoficialismo. Fuego Amigo. ¿Por qué Hebe, Morgado y Rachid hacen mejor campaña contra el Gobierno que Ricardito Alfonsín, Elisa Carrió, Mauricio Macri y Fracisco de Narváez?”.

No hubo lugar para el humor durante la entrega del Premio “Rodolfo Walsh” que Hebe recibió sin la compañía de ningún funcionario. Nadie se atrevió a desafiar la orden de Cristina que batió todos los récords al no pronunciar ni una sola palabra del “Schoklendergate”. Y aquí aparece la otra razón por la que el progresismo K casi no tiene candidatos ganadores y ningún heredero de la altísima intención de votos que tiene la Presidenta. El verticalismo y la mano de hierro con los que el matrimonio Kirchner han conducido a su gente es tan concentrado que no permite que crezca ningún dirigente ni florezca ninguna flor. Tienen tan poco espacio para expresarse con autonomía sin ser castigados como Héctor Timerman o Hugo Yasky que nadie puede destacarse. De hecho los que más lo lograron, Filmus y Rossi, fueron combatidos desde la cima del poder por sus “rebeldías” y en ningún caso fueron los candidatos preferidos por Cristina.

Un intelectual que supo votar al peronismo, ayer, antes de almorzar con Juan Cruz, el escritor adjunto a la dirección del diario El País de Madrid, me dijo que “el kirchnerismo sin el peronismo es el Frepaso”. Tal vez eso explique el fracaso de un concubinato sin amor.
Alfredo Leuco

viernes, 17 de junio de 2011

Ni un paso atrás

Ni un paso atrás, esta frase contundente, portadora de un imaginario de fuerte carga emocional, ha sido en el devenir histórico, usada en numerosas ocasiones. Tal vez la más impactante que se registre, o la primera que viene a la memoria, es la presente en la orden 227 redactada por Josef Stalin el 28 de julio de 1942.
En ella se daban precisas instrucciones, que establecían la directiva a seguir con la mayor celeridad por los comandantes del ejército rojo en el frente, ante la defección de sus tropas. Y la conducta a seguir con los soldados que retrocedieran ante el avance de las fuerzas enemigas era una e indubitable: abrir fuego sobre quienes retrocedieran, oprobiosa tarea que deberían cumplir los miembros de los destacamentos de bloqueo creados al efecto.

Ni un paso atrás resulta al cabo, más allá de las características del contexto de su utilización, una manifestación violenta e intransigente, que conlleva implícita una negación sobre la existencia de los otros diversos.
Negación imprescindible de parte de quienes alientan el objetivo de fundar su propio capital simbólico, para lo cual se recurre sistemáticamente a la distorsión del relato instituido como conciencia social atacando la construcción de sentido de los otros significantes.

Ni un paso atrás, implica la certeza cerril sobre el rumbo elegido, asume la carga irreductible de una verdad revelada y clausura en su ciega convicción toda posibilidad de reflexión y dialogo.
Claudio Brunori

martes, 14 de junio de 2011

La persistencia del pacto colonial

En el siglo XIX exportábamos tasajo, cuero, lana y trigo e importábamos los zapatos, la ropa y la harina. Alrededor de 1930, nos dijeron que era bueno producir nuestra harina, nuestra tela, nuestros zapatos, las industrias más simples, pero que no nos podíamos aventurar con la industria liviana, pues ésta era muy difícil. A partir de 1945, nos dijeron que podíamos iniciarnos en la industria liviana de heladeras, lavarropas y similares, pero que la industria automotriz era muy difícil y mejor no intentarlo. A partir de 1955, nos dijeron que podíamos hacer nuestros primeros intentos en la industria automotriz, pero que la industria pesada no estaba a nuestro alcance, no podíamos ni pensar en ello. A partir de 1960, quedó establecido que podíamos tener nuestra industria pesada, pero que la petroquímica requería grandes tamaños y que eso no era posible para nosotros. Y así sucesivamente, después con la industria de computadoras y ahora estamos perdiendo la batalla del software.

De una manera simplificada (hay una discusión más compleja sobre el tema con numerosos papers y libros) hemos descripto con fechas tentativas cómo hemos actuado en el pasado, lo que nos ha llevado a estar un poco detrás de otros países. Y otros países están detrás del nuestro. Cuando llegaron los celulares pequeños a la Argentina desaparecieron los "ladrillos" que se usaban hasta ese entonces, pero en un viaje que hice a un país vecino encontré que ahí nuestros "ladrillos" se vendían como novedad.

¿De qué manera se puede romper esta dependencia? Básicamente con una visión estratégica, estimando cuál será el próximo salto tecnológico e ir directamente a él, sin pasar por las etapas del colonialismo industrial. Para esto se requiere estudiar bien hacia dónde van las tendencias internacionales y estar activamente involucrado en las posibles soluciones. Un ejemplo puede aclarar lo que quiero decir.

Con el surgimiento de la computadora personal se vio que la industria del software sería una clave en las ventas futuras y teníamos gente muy creativa que podía imaginar soluciones. Sin embargo, en el momento clave no hubo casi nada de desarrollo local y una buena parte de esa gente creativa no tuvo más alternativa que viajar al exterior para hacer sus desarrollos pues además de que les pagaban mucho más que aquí, la organización local en este rubro era muy amateur. No fue tomada como una prioridad nacional; ahora si, pero ya esta dominada por varias empresas de otros países. ¿Cuál será el próximo salto tecnológico? No me atrevo a decirlo, hay que estudiarlo, pero son varias las posibilidades que podemos aprovechar.

Aprovechar mejor lo que ya tenemos. En tanto estudiamos el futuro debemos aprovechar al máximo los sectores competitivos ya instalados. Por ejemplo, seguimos exportando granos y oleaginosos. ¿No sería mejor transformarlos en parte en carne, que es mucho más valiosa? Esto ha hecho Brasil que nos ha desplazado, cuando nunca lo hubiéramos imaginado, en exportación de carne vacuna con más de 2.000.000 de ton anuales contra nuestras 600.000/700.000 ton históricas.

La conversión de alimento vegetal balanceado en carne nos muestra las alternativas que tenemos. Con 1.6 Kg. de alimento balanceado se logra 1 Kg. de pollo, con 3.5 Kg. de dicho alimento se logra 1 Kg. de cerdo, con 5.0 Kg. de alimento balanceado se obtiene 1 Kg. de novillito y con 9 Kg. de alimento balanceado 1 Kg. de novillo grande de más 440 Kg. Es decir, el animal grande tiene una menor transformación de alimentos vegetales en carne. Nosotros cerramos la exportación de carnes, con lo cual los animales se tornan más grandes y consumen más de lo que rinden en aumento de peso y eso se vuelve no rentable. Estos coeficientes de transformación pueden explicar porqué los pollos brasileños son más chicos que los nuestros, pues a medida que el animal crece, no transforma tanto alimento en carne. Hay muchos más sectores en los que se puede optimizar el valor agregado obtenido. Por ejemplo, también podríamos exportar fideos en vez de trigo. En realidad hacemos lo contrario: mandamos el trigo y estamos importando los fideos más caros desde Italia.

La Fundación Mediterránea ha estudiado 17 cadenas de valor agregado que se podrían desarrollar en la Argentina, con demanda mundial de esos productos; las podríamos implementar en los próximos años en diferentes provincias y ocuparían a más de 3.000.000 de personas en puestos formales bien remunerados. Pero hay que hacerlo.

En conclusión, en tanto estudiamos con toda nuestra inteligencia el futuro de los cambios tecnológicos para posicionarnos mejor, deberíamos también aprovechar las ventajas que nos va dando la experiencia internacional para optimizar nuestras producciones actuales. La Argentina tiene ventajas en la producción agropecuaria y en lo que es inteligencia creativa. La Argentina será verde y gris, pero tenemos que hacerla, no se hace sola. A los candidatos presidenciales, ahora que vienen las elecciones, les decimos que no se trata sólo de ganar las elecciones sino también para qué ganarlas. Se requiere saber qué es lo que cada espacio propone concretamente. Si no sabemos lo que haremos, seguiremos, como desde el siglo XIX, en el pacto colonial implícito cuando ya estamos viviendo el siglo XXI.
Orlando Ferreres