Si tiene cuatro patas, mueve la cola cuando está contento y ladra, lo más probable es que sea un perro (o, a lo sumo, una perra). Lo que hicieron esta semana los funcionarios públicos, incluyendo a la señora Presidenta, al querer desconocer la elevada inflación que padece la economía argentina, es describir un perro negando que sea un perro.
La alta inflación se caracteriza por una amplia dispersión de precios para un mismo producto o servicio y por dar lugar a una “puja distributiva” de magnitud.
Con baja inflación, los precios de productos y servicios se “parecen”, independientemente de dónde uno compre. Con alta inflación, en cambio, el precio final de cada producto, depende de las expectativas del costo de reposición que cada vendedor tenga y de lo que cada demandante está dispuesto a pagar, en función de sus expectativas de la evolución futura del precio, etc.
Alta inflación y alta dispersión de los precios van de la mano.
Lo mismo sucede con la “puja distributiva”, expresión que comenzó a dominar la política argentina cuando, en las décadas de los 70 y 80, la inflación se convirtió en nuestra manera de resolver conflictos distributivos. Es cierto, como dice la Presidenta, que con capacidad ociosa y alto desempleo, no hay puja distributiva, porque uno de los sectores “pujantes” tiene muy poco poder (el asalariado). Pero no es menos cierto que con baja capacidad ociosa y elevado empleo, la puja surge cuando se sigue presionando sobre la demanda y la tasa de inflación se acelera. Nadie está dispuesto a perder 20% o más de su capacidad adquisitiva o de su rentabilidad.
Esta semana, a la coincidencia entre dirigentes gremiales, empresarios, organismos provinciales de estadística, economistas y ciudadanos respecto de que en la Argentina hay alta inflación, se sumó el Gobierno. En otro contexto, sería una buena noticia. Para solucionar un problema, primero hay que reconocerlo. Por el contrario, el Gobierno empieza a describir el problema y las consecuencias de la elevada inflación, pero con el objetivo político de encontrar “culpables” distintos a la política económica oficial y generar “ambiente” para medidas que, en el corto plazo, pueden tener algún efecto, pero que, respecto de la solución de la inflación, resultan inocuos o, inclusive, contraproducentes.
El tema inflacionario ha empezado a ganar “momento” en las encuestas de opinión, todavía lejos de la principal preocupación ciudadana, la inseguridad, pero acercándose a las inquietudes económicas que surgieron de la crisis de 2002, en especial, la estabilidad en el empleo. Es probable que la “ilusión monetaria” (considerar los aumentos de salarios sin “descontar” la inflación) esté empezando a diluirse. Es probable que mucha gente empiece a confirmar que su apuesta a “licuar” las cuotas del crédito del año pasado, con los aumentos de sueldo de este año, peligra ante el reciente aumento del resto de los precios.
Por ello, el Gobierno pasó de la “sensación de inseguridad” a un ministerio y ahora, de “no hay inflación”, a “no somos formadores de precios”, “no somos responsables de los aumentos”, “vamos a combatir a los vivos que aumentan con todo lo que esté a nuestro alcance”, “les pedimos responsabilidad a sindicalistas y empresarios, etc”.
El Gobierno no forma precios porque no produce nada, como dice la Presidenta. Entonces, si no produce nada, tampoco es responsable del crecimiento a tasas chinas, del que tanto se vanagloria.
Pero aquí, como en el resto del mundo, la política económica es la responsable, para bien o mal, de los resultados económicos, dado el contexto internacional.
Si la expansión monetaria ronda el 30 por ciento, el gasto público aumenta al mismo ritmo, los ajustes salariales también y la economía está en pleno empleo, no puede haber baja inflación, independientemente de los monopolios, a los que hay que combatir, aún sin inflación.
Pero, por ahora, no espere cambios en la política económica, sino endurecimiento de la política, a secas, más conflictos, controles, prohibiciones. En elecciones, hasta un perro no es un perro.
Enrique Szewach
domingo, 13 de febrero de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
Extraña forma de prostitución moral
Aquella maravillosa fotografía de Osvaldo Soriano, "No habrá más penas ni olvido”, que reflejaba cómo en nombre del peronismo y de Perón distintos sectores confluían en un pueblo tranquilo para terminar armando una auténtica masacre donde se mataban entre todos, viene a la memoria en versión light y aggiornada al siglo XXI, cuando presenciamos las desventuras de los compañeros ante el caso de la detención del Momo Venegas.
Gerónimo Venegas que responde a Eduardo Duhalde, que es peronista y como tal canta la marcha y hace la “V” aunque por hoy sea el principal foco de ataque del gobierno que también es peronista y canta la marcha y hace la “V”.
La marcha peronista es entonada a las puertas de los tribunales de Comodoro Py por los seguidores de Venegas, enfrentados a la CGT que conduce Hugo Moyano, que se reúne y emite un comunicado para solidarizarse muy tibiamente con el caído en desgracia, pero para marcarle la cancha al gobierno y a la justicia sobre la continuidad de los procesos en cabeza de otros líderes sindicales.
Desde luego, en la CGT se canta la marcha peronista y se hace la “V” de la victoria.
El gobierno —que es peronista— suele cantar la misma marcha haciendo la misma “V” de la victoria y también acostumbra mostrar imágenes ciertamente peculiares, como el ucedeísta Amado Boudou o el procesista Héctor Timerman cantando la tradicional tonada. La misma que canta la CGT y la misma que cantan los de Venegas.
La izquierda peronista hace la “V” y canta la marcha, la derecha sindical oficialista hace la “V” y canta la marcha, y la derecha sindical opositora también hace la “V” y canta la marcha. La presidente alguna vez dijo que Obama era peronista de manera tal que no es extraño suponer que el morocho presidente de USA tenga en su living el cuadro del General con los perritos sabandijas, y que de vez en cuando también haga la “V” y cante la marcha.
Algunos comunistas como Carlos Heller y Daniel Filmus hacen la “V” y cantan la marcha. Algunos piqueteros pro Chávez e Irán hacen la “V” y cantan la marcha, y hasta Aldo Rico mientras se enfrenta a la sensación de inseguridad que lo obliga a balearse con malhechores en un intento de robo; apoya al gobierno, hace la V y canta la marcha.
En una época se esperaba la aparición de "el avión negro de Perón" que traería en triunfal regreso al líder definitivamente a la patria peronista, o socialista, o guevarista, o la patria que fuera, pero siempre todos haciendo la “V” y cantando la marcha.
Ya en pleno Siglo XXI y sin Perón, el sucedáneo resulta ser el avión blanco de los Juliá, estrechos colaboradores del peronista Menem, aquél que se abrazó con el almirante Rojas, y vaya usted a saber si mientras les decomisaban los 944 kilogramos de cocaína en Barcelona no habrán hecho la “V” y cantado la marcha...
Las "cristinesas" del plan "Milanesas Para Todos" probablemente traigan impresa la “V”. Los moscones verdes que revolotean sobre la carne podrida del plan "Carne para Todos", sin dudas han de ser peronistas y probablemente también canten la marcha, y los directores de las empresas que reciben millonarios subsidios del estado de pura felicidad festejan haciendo la “V” y cantando la marcha.
Peter Munk, el jefe de la Barrick Gold, canta alegremente la marcha mientras envenena a pueblos enteros y se lleva los recursos naturales de la Argentina a simple declaración jurada y sin pagar retenciones.
Los supermercadistas chinos que cada tanto van cambiando sociedades para poder seguir trabajando libres de ciertas cargas impositivas y que reciben de su país el importe de IVA que pagan aquí, nunca pierden su sonrisa y dicen "Viva Pelón Calajo "... Lo mismo el líder de las tomas de predios en Soldati, Pitu Salvatierra, cuando a poco de salir de la cárcel da conferencia de prensa desde la casa de gobierno con su simpática gorrita villera, y el afamado Cristian Favale cuando acude a las peñas y se fotografía con los ministros Boudou y Sileoni: todos felices haciendo la “V” y cantando la marcha.
El kirchnerismo ha logrado el milagro de la unidad nacional. Peronistas y guevaristas y militares” bombardeadores” de plazas y empleados públicos y periodistas y actores y videlistas y dirigentes piqueteros y golpistas. La derecha, el centro, la izquierda, los extremos y los medios, todos juntos y felices cantando la marcha y haciendo la”V” de la victoria. En realidad se odian, pero los une una extraña forma de prostitución moral, nacional y popular.
Si alguien se pregunta en qué consiste esa victoria la respuesta es simple. Han salido victoriosos en la batalla contra la Argentina. Ganaron y se la llevan puesta día tras día.
No sé usted, amigo lector, pero por aquí lamentablemente no nos da como para cantar marchas de festejo ni hacer señales de victoria. Preferimos a Discépolo, un mate, las penas y el olvido.
Fabián Ferrante
Gerónimo Venegas que responde a Eduardo Duhalde, que es peronista y como tal canta la marcha y hace la “V” aunque por hoy sea el principal foco de ataque del gobierno que también es peronista y canta la marcha y hace la “V”.
La marcha peronista es entonada a las puertas de los tribunales de Comodoro Py por los seguidores de Venegas, enfrentados a la CGT que conduce Hugo Moyano, que se reúne y emite un comunicado para solidarizarse muy tibiamente con el caído en desgracia, pero para marcarle la cancha al gobierno y a la justicia sobre la continuidad de los procesos en cabeza de otros líderes sindicales.
Desde luego, en la CGT se canta la marcha peronista y se hace la “V” de la victoria.
El gobierno —que es peronista— suele cantar la misma marcha haciendo la misma “V” de la victoria y también acostumbra mostrar imágenes ciertamente peculiares, como el ucedeísta Amado Boudou o el procesista Héctor Timerman cantando la tradicional tonada. La misma que canta la CGT y la misma que cantan los de Venegas.
La izquierda peronista hace la “V” y canta la marcha, la derecha sindical oficialista hace la “V” y canta la marcha, y la derecha sindical opositora también hace la “V” y canta la marcha. La presidente alguna vez dijo que Obama era peronista de manera tal que no es extraño suponer que el morocho presidente de USA tenga en su living el cuadro del General con los perritos sabandijas, y que de vez en cuando también haga la “V” y cante la marcha.
Algunos comunistas como Carlos Heller y Daniel Filmus hacen la “V” y cantan la marcha. Algunos piqueteros pro Chávez e Irán hacen la “V” y cantan la marcha, y hasta Aldo Rico mientras se enfrenta a la sensación de inseguridad que lo obliga a balearse con malhechores en un intento de robo; apoya al gobierno, hace la V y canta la marcha.
En una época se esperaba la aparición de "el avión negro de Perón" que traería en triunfal regreso al líder definitivamente a la patria peronista, o socialista, o guevarista, o la patria que fuera, pero siempre todos haciendo la “V” y cantando la marcha.
Ya en pleno Siglo XXI y sin Perón, el sucedáneo resulta ser el avión blanco de los Juliá, estrechos colaboradores del peronista Menem, aquél que se abrazó con el almirante Rojas, y vaya usted a saber si mientras les decomisaban los 944 kilogramos de cocaína en Barcelona no habrán hecho la “V” y cantado la marcha...
Las "cristinesas" del plan "Milanesas Para Todos" probablemente traigan impresa la “V”. Los moscones verdes que revolotean sobre la carne podrida del plan "Carne para Todos", sin dudas han de ser peronistas y probablemente también canten la marcha, y los directores de las empresas que reciben millonarios subsidios del estado de pura felicidad festejan haciendo la “V” y cantando la marcha.
Peter Munk, el jefe de la Barrick Gold, canta alegremente la marcha mientras envenena a pueblos enteros y se lleva los recursos naturales de la Argentina a simple declaración jurada y sin pagar retenciones.
Los supermercadistas chinos que cada tanto van cambiando sociedades para poder seguir trabajando libres de ciertas cargas impositivas y que reciben de su país el importe de IVA que pagan aquí, nunca pierden su sonrisa y dicen "Viva Pelón Calajo "... Lo mismo el líder de las tomas de predios en Soldati, Pitu Salvatierra, cuando a poco de salir de la cárcel da conferencia de prensa desde la casa de gobierno con su simpática gorrita villera, y el afamado Cristian Favale cuando acude a las peñas y se fotografía con los ministros Boudou y Sileoni: todos felices haciendo la “V” y cantando la marcha.
El kirchnerismo ha logrado el milagro de la unidad nacional. Peronistas y guevaristas y militares” bombardeadores” de plazas y empleados públicos y periodistas y actores y videlistas y dirigentes piqueteros y golpistas. La derecha, el centro, la izquierda, los extremos y los medios, todos juntos y felices cantando la marcha y haciendo la”V” de la victoria. En realidad se odian, pero los une una extraña forma de prostitución moral, nacional y popular.
Si alguien se pregunta en qué consiste esa victoria la respuesta es simple. Han salido victoriosos en la batalla contra la Argentina. Ganaron y se la llevan puesta día tras día.
No sé usted, amigo lector, pero por aquí lamentablemente no nos da como para cantar marchas de festejo ni hacer señales de victoria. Preferimos a Discépolo, un mate, las penas y el olvido.
Fabián Ferrante
viernes, 11 de febrero de 2011
¿Adiós a los dolares del yuyo?
Mientras el gobierno sigue empeñado en negar la realidad -la inflación es real-, el mundo sigue su marcha hacia la recuperación, luego de una fenomenal crisis financiera que aún muestra sus secuelas. Una mezcla de cinismo, improvisación, ignorancia y mediocridad regentea hoy el país en todos los niveles de gobierno.
Las definiciones son confusas y hasta grotescas. Por un lado, se niega la inflación y se habla de dispersión de precios, y al mismo tiempo, se le pide a los empresarios que no se aprovechen y no aumenten los precios. ¿En qué quedamos? Si los empresarios suben los precios hay inflación y si no hay inflación, ¿para qué se les reclama a los empresarios?
Lo cierto es que la suba de precios, no es la causa de la inflación sino la consecuencia. Las causas hay que encontrarlas en un gasto público desbordante, basado en subsidios, prebendas, empleo público improductivo, y en una emisión monetaria descontrolada para financiar ese gasto, solventar una demanda global que retroalimenta la suba de precios y mantener un tipo de cambio ficticio, con brutales transferencias hacia capitales golondrinas.
De allí que no es casual sino causal, la tensión social por la puja distributiva del ingreso, en la que el gobierno tiene gran parte de responsabilidad. Con inflación, los salarios y los haberes previsionales pierden y el reclamo se hace inminente. Mientras el gobierno anuncia con bombos y platillos un haber mínimo previsional para marzo de 300 dólares, la inflación le licuó casi el diez por ciento de esa cifra. El gobierno amagó dos veces con tratar de mitigar los efectos inflacionarios sobre el salario. Primero, dijo que iba a subir el mínimo no imponible para la cuarta categoría. Luego dijo que avalaría el proyecto de ley de participación obrera en las ganancias empresarias.
Ni una cosa ni la otra. Al punto tal llega la improvisación y el cinismo que el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, señaló que no era el momento de subir el mínimo no imponible. Si con 30 por ciento de inflación no es el momento de actualizar el gravamen, ¿con cuánta inflación se debiera actualizar el impuesto? La respuesta hay que buscarla en el fin del ciclo económico que no es otra cosa que el fin del modelo "K".
La recuperación de la economía de los Estados Unidos está marcando no sólo la salida de la crisis financiera internacional sino también la reversión de los flujos de capital hacia los centros financieros internacionales. Con ello, los fondos especulativos que tomaron riesgo en los mercados emergentes como Brasil, Rusia, India y China (BRIC) y en países periféricos como la Argentina, y se apalancaron en los mercados de commodities, creando una burbuja de precios, volverán a apostar nuevamente en Bonos del Tesoro de los EE.UU. y en acciones del Primer Mundo. En otros términos, el dinero sobrante de la crisis de 2008 vuelve a sus orígenes y el precio del trigo, el maíz y la soja comenzará a volver a valores normales, desinflándose la burbuja especulativa.
El precio de los alimentos en el mundo se ha convertido en un asunto de Estado. Prueba de ello es la crisis que se vive en el norte de Africa. Muy lejos de un grito de libertad y democracia, esas crisis son la consecuencia de una suba de precios de los alimentos a niveles superlativos donde a la gente se le hace difícil acceder a esos bienes básicos.
De acuerdo con informe de la Organización para la Agricultura y los Alimentos de las Naciones Unidas concluyó que el precio de estos insumos indispensables habían alcanzado sus máximos históricos.
Para la Argentina, el ciclo económico basado en la superrenta de la soja, se terminó. Sí, el "yuyo", ridiculizado por la Presidenta de la Nación, que resultó ser el sostén de un modelo de dispendio, prebendas y corporativista, vuelve a parámetros normales.
Si se intensifica esta corrección del ciclo, a estos niveles de gasto público, con menos ingreso de dólares y con una emisión monetaria descontrolada, el tipo de cambio saltará de manera ostensible. Es tiempo de correcciones, el viento de popa, se desplaza a estribor, modificando el rumbo de la nave, y luego será viento de proa, deteniendo su marcha.
El ciclo llegó a su fin y hay que cambiar el modelo. Brasil se anticipó y con un recorte de gastos -subsidios y fomentos-, de 30.000 millones de dólares, adecua su modelo a los tiempos que vienen. Lejos de enfriar la economía, Dilma Rousseff busca evitar la caída, permitiendo que el sector privado sea quien dinamice la actividad y empleo, en reemplazo del Estado. La soja dejará de ser el oro verde. Pero el gobierno ya se está preparando. ¿Qué hará el gobierno con tanta soja? Otro plan "Milanesas para todos"...
Miguel Angel Rouco
Las definiciones son confusas y hasta grotescas. Por un lado, se niega la inflación y se habla de dispersión de precios, y al mismo tiempo, se le pide a los empresarios que no se aprovechen y no aumenten los precios. ¿En qué quedamos? Si los empresarios suben los precios hay inflación y si no hay inflación, ¿para qué se les reclama a los empresarios?
Lo cierto es que la suba de precios, no es la causa de la inflación sino la consecuencia. Las causas hay que encontrarlas en un gasto público desbordante, basado en subsidios, prebendas, empleo público improductivo, y en una emisión monetaria descontrolada para financiar ese gasto, solventar una demanda global que retroalimenta la suba de precios y mantener un tipo de cambio ficticio, con brutales transferencias hacia capitales golondrinas.
De allí que no es casual sino causal, la tensión social por la puja distributiva del ingreso, en la que el gobierno tiene gran parte de responsabilidad. Con inflación, los salarios y los haberes previsionales pierden y el reclamo se hace inminente. Mientras el gobierno anuncia con bombos y platillos un haber mínimo previsional para marzo de 300 dólares, la inflación le licuó casi el diez por ciento de esa cifra. El gobierno amagó dos veces con tratar de mitigar los efectos inflacionarios sobre el salario. Primero, dijo que iba a subir el mínimo no imponible para la cuarta categoría. Luego dijo que avalaría el proyecto de ley de participación obrera en las ganancias empresarias.
Ni una cosa ni la otra. Al punto tal llega la improvisación y el cinismo que el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, señaló que no era el momento de subir el mínimo no imponible. Si con 30 por ciento de inflación no es el momento de actualizar el gravamen, ¿con cuánta inflación se debiera actualizar el impuesto? La respuesta hay que buscarla en el fin del ciclo económico que no es otra cosa que el fin del modelo "K".
La recuperación de la economía de los Estados Unidos está marcando no sólo la salida de la crisis financiera internacional sino también la reversión de los flujos de capital hacia los centros financieros internacionales. Con ello, los fondos especulativos que tomaron riesgo en los mercados emergentes como Brasil, Rusia, India y China (BRIC) y en países periféricos como la Argentina, y se apalancaron en los mercados de commodities, creando una burbuja de precios, volverán a apostar nuevamente en Bonos del Tesoro de los EE.UU. y en acciones del Primer Mundo. En otros términos, el dinero sobrante de la crisis de 2008 vuelve a sus orígenes y el precio del trigo, el maíz y la soja comenzará a volver a valores normales, desinflándose la burbuja especulativa.
El precio de los alimentos en el mundo se ha convertido en un asunto de Estado. Prueba de ello es la crisis que se vive en el norte de Africa. Muy lejos de un grito de libertad y democracia, esas crisis son la consecuencia de una suba de precios de los alimentos a niveles superlativos donde a la gente se le hace difícil acceder a esos bienes básicos.
De acuerdo con informe de la Organización para la Agricultura y los Alimentos de las Naciones Unidas concluyó que el precio de estos insumos indispensables habían alcanzado sus máximos históricos.
Para la Argentina, el ciclo económico basado en la superrenta de la soja, se terminó. Sí, el "yuyo", ridiculizado por la Presidenta de la Nación, que resultó ser el sostén de un modelo de dispendio, prebendas y corporativista, vuelve a parámetros normales.
Si se intensifica esta corrección del ciclo, a estos niveles de gasto público, con menos ingreso de dólares y con una emisión monetaria descontrolada, el tipo de cambio saltará de manera ostensible. Es tiempo de correcciones, el viento de popa, se desplaza a estribor, modificando el rumbo de la nave, y luego será viento de proa, deteniendo su marcha.
El ciclo llegó a su fin y hay que cambiar el modelo. Brasil se anticipó y con un recorte de gastos -subsidios y fomentos-, de 30.000 millones de dólares, adecua su modelo a los tiempos que vienen. Lejos de enfriar la economía, Dilma Rousseff busca evitar la caída, permitiendo que el sector privado sea quien dinamice la actividad y empleo, en reemplazo del Estado. La soja dejará de ser el oro verde. Pero el gobierno ya se está preparando. ¿Qué hará el gobierno con tanta soja? Otro plan "Milanesas para todos"...
Miguel Angel Rouco
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