martes, 22 de noviembre de 2011

El turbulento vuelo de AeroCámpora, símbolo de desmanejo y corrupción

Los errores de la gestión de Mariano Recalde al frente de Aerolíneas se suman a un historial de desaciertos. Los números que la hacen insostenible.
Si en la Argentina quedara un juez o un fiscal que merezca el nombre de tal, debería hacer algo con esto: la historia de Aerolíneas es la de un pozo negro, una empresa quebrada desde los 90 que vuela aún ante la anomia de toda la clase política que decide lavarse las manos. Es la historia de una empresa vaciada al menos tres veces en su patrimonio, endeudada otras mil y que asiste a su decadencia como línea de bandera de la que sólo queda el mástil. Desde que se transformó en AeroCámpora, en julio de 2009, recibió 2.100 millones de dólares del presupuesto y sigue siendo deficitaria: el rojo proyectado en 200 millones subió este año a 387. Nada más inexacto, en este caso, que los números: los balances de AeroCámpora son un secreto de Estado. La pérdida de la gestión de Mariano Recalde hubiera permitido que AeroCámpora comprara TAM, la aerolínea brasileña que duplica a la argentina y que fue premiada recientemente en Francia como “la mejor aerolínea de América del Sur”. TAM, por otro lado, da ganancias, y fue valuada en 2.395,8 millones: dobla a AeroCámpora en flota y en cantidad de pasajeros transportados. La historia de los balances secretos no es nueva: ya en el ’90, el primer balance de Iberia fue objetado por la inclusión de 70 millones de dólares en “gastos de representación”. Aquel era, obviamente, un eufemismo por la coima que había tenido lugar a la hora del remate. El balance en crisis era acompañado por aviones que partían a Madrid con las cubiertas nuevas y volvían con viejas: una pequeña muestra de la actitud que desguazó a la empresa en poco tiempo. Se desarmó el centro de instrucción de Retiro, se vendieron los DC9 de Austral y Aerolíneas quedó desmantelada hasta que el gobierno español decidió sacársela a Caperucita y entregársela en la boca al Lobo: la CEPI asumió la deuda y entregó 680 millones de euros al Grupo Marsans-Mata, que vuelve al vaciamiento, dejándola con un pasivo de 800 millones. Finalmente, el Estado argentino expropia en las peores condiciones: asume la deuda sin revisarla, se expone una futura sentencia en el Ciadi por más de mil millones y no se presenta como parte querellante. Hoy, según la revista especializada Air Transport World, AeroCámpora es una de las tres empresas aéreas que más pierde en el mundo, junto a Kuwait Airways y Air India. Si se la compara con otras compañías de la región, nuestra aerolínea militante pierde como Suriname Airways y Pluna, frente al resto que da ganancias: Aeroméxico, 194 millones; Avianca Taca, 50 millones; Copa Airlines, 241 millones; Gol, 128 millones y LAN, 420 millones.Esta semana, mientras La Cámpora se reunía en el estadio de Ferro y juraba “dar la vida por Cristina”, el conflicto de Aerolíneas se volvía político y el Gobierno decidía militarizar a los controladores aéreos para poder, precisamente, controlarlos. La reacción del ambiente aeronáutico fue de preocupación: entregar a la Fuerza Aérea la aviación civil es como darle los subterráneos al Ejército. Enrique Piñeyro, documentalista y piloto, recordó ante PERFIL un triste antecedente de la misma decisión:—En el ’86,durante Alfonsín, se hizo un intento de militarizar la cosa y meter pilotos de Fuerza Aérea en el Fokker de Aerolíneas; son los que se fueron al agua en Ushuaia al tercer vuelo. Y para colmo, ¿sabés cuál era el nombre del piloto? El mayor Carnero.La imagen de aquel despiste terminó en afiche: el de Fuerza Aérea SA, documental de Piñeyro que el otro día, frente a la marcha atrás del Gobierno, decidió pasar por televisión un símbolo cambiado de sentido: puso al revés las imágenes de aquel día de 2004 en el Colegio Militar en el que Bendini retiró los cuadros de Videla y Bignone. Ahora aparecía volviéndolos a colgar.Cuando la discusión se volvió política, comenzaron las comparaciones:—Aerolíneas se lleva 1.000kilómetros por año de rutas pavimentadas –calculó Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad.—La Cámpora hace volar dos escuelas por día –dijo el diputado Morán, de la Coalición Cívica, calculando el déficit en dos millones de dólares diarios.
El que no corre, vuela. Aerolíneas y Austral tienen una flota total de 71 aviones, de los cuales vuelan sólo 47.Contrariamente a todas las aerolíneas del mundo, AeroCámpora no posee una “monoflota”, sino que tiene aviones de cuatro marcas y modelos, lo que cuadruplica los costos de mantenimiento, repuestos, cursos específicos y mecánicos. En diálogo con PERFIL, Jorge Pérez Tamayo, titular del gremio de pilotos, detalló la composición de la heterodoxa flota:
◆Austral: veinte aviones Embraer (15 operativos), seis Mc Donnell Douglas (cuatro operativos).
◆Aerolíneas: 15 aviones Boeing 737-500 (nueve operativos), 14 aviones 737-700 (11 operativos), tres aviones 747-700 (dos operativos), siete aviones A340 (tres operativos), seis aviones MD (tres operativos).
Sólo 28 aviones del total de 71, son propios. La tendencia mundial es tomar los aviones en leasing o comprar con muy buenas condiciones: TAM y LAN acaban de ordenar la compra de 220 Air Bus, con lo que terminan negociando la supervivencia de la propia Air Bus, lo que les permite lograr una amplia financiación. AeroCámpora, ahora, se apresta a vender dos Jumbos y cambiarlo por dos Airbus 340: duplicarán el precio de alquiler a 800 mil dólares al mes, sin mejorar las condiciones de transporte de carga o pasajeros.Otro desacierto de la gestión Recalde consiste en realizar los chequeos de los aviones en el extranjero al doble del precio: según la Auditoria General de la Nación, los “chequeos C” en el exterior cuestan 639 mil dólares por avión, contra 361 mil en Argentina. Enviaron 14 aviones MD a talleres de Costa Rica, por los que Aerocámpora pagó mas de ocho millones de dólares, cuatro aviones 735-500 a Panamá (alquilados) por los que gastarán como mínimo otros dos millones y medio, además de pagar el leasing que no utiliza durante el tiempo de reparación. Hay dos 737-500 con alquiler vencido que todavía no se devolvieron y por la demora AeroCámpora está perdiendo 300 mil dólares al mes. También siguen pagando el alquiler de otros dos aviones 737-200 obsoletos, que hace años que se demora en devolver.
◆El último hangar de Ezeiza fue inaugurado por Juan Domingo Perón y el último de Aeroparque se terminó en 1981. La Presidenta planea inaugurar un hangar que en realidad ya estaba hecho: construido a mediados de los ochenta por la desaparecida línea CATA, remodelado y propiedad de Eurnekian desde fines de los noventa.
◆Mientras el mercado de pasajeros se agranda, AeroCámpora se achica.De acuerdo con un estudio encargado por una línea aérea privada, en los últimos 18 años se triplicaron los pasajeros internacionales que llegan a Argentina, pero AeroCámpora redujo a la mitad los transportados: desde el 40 al 18%. En el año 1993, de cuatro millones de pasajeros arribados, Aerolìneas transportó al 40%; en lo que va del 2011 de 11,8 millones de pasajeros transportó solamente a dos de cada diez, el 18%.La vida por Banelco. Desde julio de 2009, Aerolíneas es manejada por integrantes de La Cámpora y ex gerentes de empresas ajenas al rubro aeronáutico: Mariano Recalde es un abogado especialista en derecho laboral, dio clases en la UBA y fue asesor de su papá en la Cámara de Diputados. En octubre de 2009, se tomó en serio lo del avión privado y agregó un vuelo no programado a Uruguay para ver un partido de la Selección argentina; lo acompañaron otros luchadores sociales, como Andrés Larroque y Juan Cabandié. En enero del año siguiente pagó 124 dólares por un viaje en business a Punta Cana: tuvo que volver por orden de De Vido. Cobró por su cargo unos 50 mil pesos al mes durante 2010 y superó los 70 mil mensuales en 2011, cobrando además un salario adicional por Austral, aunque maneja ambas líneas desde el mismo sillón. En su declaración de 2010 consigna el cobro de 703.581 pesos. Eduardo “Wado” De Pedro es abogado e hijo de desaparecidos, vicepresidente de AeroCámpora y declaró en 2010 un ingreso anual de 478.890 pesos como director titular de Aerolíneas y 4.860 pesos como director de Austral. Axel Kicillof, subgerente, fue profesor de Macroeconomía y Política Económica y, como el resto de los ejecutivos militantes, cobra entre 70 y 80 mil pesos al mes. Javier Rodríguez es director de Programaciones y agrónomo (¿lo habrán puesto ahí para el día en que las vacas vuelen?), Alvaro Francés es gerente del Area de Operaciones de Aeropuertos y fue antes director comercial de Musimundo, gerente de la zapatería Payless ShoesSource y de varios supermercados. Juan Pablo Lafosse, gerente comercial, viene de la agencia de viajes Asatej y hay quienes sostienen que sigue vinculado a los negocios turísticos.Los militantes del cielo nacional y popular odian sentirse solos: en los últimos tiempos AeroCámpora incorporó unos 400 empleados, 200 pilotos y 200 TCP (tripulantes de cabina de pasajeros, azafatas, call center). Las incorporaciones provocaron cierto revuelo: entraron por la puerta política empleados de más de treinta años, en muchos casos, con desconocimiento total del idioma inglés y quedaron afuera otros, mucho más jóvenes y capacitados, que fueron excluidos por no pertenecer a las filas revolucionarias. Aunque hay muchísimos más pilotos que aviones, la productividad bajó: en 2005 con 480 pilotos se volaron 46.852 horas; esto es 98 horas de vuelo por piloto. En 2008, con 678 pilotos se volaron 53.095 horas; es decir 78 horas de vuelo por piloto. Con 200 pilotos más contratados en 2009, bajó aún más: hay pilotos que vuelan diez horas por mes, otros no vuelan directamente y los de Jumbo hacen sólo un vuelo cada treinta días.—Los que más están trabajando contra el Estado son Recalde y compañía –dice a PERFIL Enrique Piñeyro.—¿Cree que el Gobierno querrá volver a privatizarla o “argentinizarla” con algún empresario amigo?—Me temo que esto termina en Cielos Abiertos. Si cedemos a la presión de la Barrick Gold, ¿por qué no vamos a ceder a la presión de TAM y LAN? Así como le devolvieron áreas a la Fuerza Aérea también podrían abrir los cielos totalmente; sería coherente con la ideología de Schiavi.Entretanto, el Gobierno caracterizó el conflicto con los controladores como un “intento de golpe de Estado”, y el comandante Recalde, luego de asegurar que “no hay conflicto alguno”, afirmó: “Este es un proyecto de la Presidenta”. Investigación: Jorge Lanata/Leonardo Nicosia.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El problema de Aerolíneas no es sólo de Aerolíneas

El renovado conflicto entre funcionarios y sindicalistas de Aerolíneas Argentinas pone en superficie una vieja cuestión que nunca se resuelve. Y sobre todo evidencia que no se resolverá mientras no exista una política de Estado coherente en materia de transporte.
Es gravísimo lo que está sucediendo en nuestra zarandeada empresa aerocomercial, desde que se iniciara su destrucción en 1990. La privatización salvaje que duró casi dos décadas y que debemos a los señores Menem, Dromi y Cavallo, y fue revalidada por la vieja Corte Suprema Automática mediante un forzado "per saltum", inició el descenso a los infiernos para cientos de miles de pasajeros que somos rehenes permanentes de la ineficiencia operativa de AA. Aquel dislate se terminó de consumar cuando Cavallo le entregó a Iberia la acción de oro que todavía conservaba nuestro país y que era la herramienta de control más importante. La empresa, que en 1990 dejaba ganancias y era una de las más eficientes en manos del Estado, fue desguasada de manera poco menos que vil. Desde entonces, Aerolíneas estuvo al borde de la bancarrota y el cierre de operaciones en varias oportunidades, hasta que en 2008 y con fuerte apoyo de todos los gremios aeronáuticos, la Presidenta anunció la reestatización. La deuda era de unos 890 millones de dólares. Pero ahí se inició otra disputa, que es la que nos tiene en este presente lamentable: de un lado dirigencias de dudosa competencia en el manejo de la empresa; del otro dirigencias sindicales que proceden como bandas corporativas. Y los pasajeros, por millares, asistiendo a la nueva destrucción. La verdad es que la única manera de superar el conflicto sería, como siempre, el diálogo. Pero a la luz de las acusaciones y la creciente belicosidad de las partes en conflicto -el Gobierno y los sindicatos- todo parece mal encaminado y lo que más falta son ideas propositivas, generosas y superadoras. En esas circunstancias, especialmente los pasajeros que vivimos en provincias padecemos el pésimo servicio que nos dan. Yo invitaría a sindicalistas y autoridades a depender de esta compañía sólo un mes, y después nos cuentan. Pero el problema se hace más y más complejo, porque se enmarca en un contexto de atraso casi legendario que arrastra nuestro país: el del transporte. Que es motor esencial de un país moderno. Puesto que sin transportes no hay desarrollo, ni crecimiento ni inclusión social.
Pero en la Argentina no existe un plan que prevea y estimule acciones coordinadas con vistas, digamos, a los próximos 10, 20 y 50 años. Sí existen ideas de consultores, empresarios, sindicatos, lobbistas, y acaso funcionarios bien intencionados. Pero nada de eso representa una política de Estado de transporte que permita dar un salto cuantitativo y cualitativo. Así, el problema de Aerolíneas no es sólo de Aerolíneas y se relaciona con aquello. Porque la cuestión del monopolio aéreo no puede considerarse aisladamente. Debería ser parte de un Plan Nacional de Transportes que contemple la aeronavegación como un servicio público de fomento, que dé oportunidades a la iniciativa privada y funcione en coordinación con el desarrollo ferroviario y de líneas fluviales y marítimas, y aún del sistema vial.
La Argentina debería tener ahora mismo media docena de líneas aéreas transversales y complementarias, no para debilitar AA sino precisamente para fortalecerla. Y para que la ciudadanía pueda servirse de los más de 200 aeropuertos que hay en el país y que en su gran mayoría están inactivos, mientras siguen creciendo otros medios polucionantes, caros e ineficientes. De igual manera nuestro país necesita recuperar la flota fluvial y marítima, por la sencilla razón de que el 90% del comercio exterior argentino sale y llega por agua. La marina mercante argentina -fluvial y marítima- fue desmantelada en los años 90. En aquellos años, por ejemplo, por la hidrovía Paraná-Paraguay se movían 500.000 toneladas de cargas, pero hoy se mueven 15 millones y se estima que serán 28 millones en 2016 y muchos más dentro de un par de décadas. Eso requiere transporte eficiente y barato, sobre todo ahora que las cosechas se multiplican. Entonces, si se recuperó la industria naval con la reapertura del Astillero Río Santiago y de Tandanor, ¿no sería lógico tomar al toro por los cuernos en materia de transporte naviero? Lo mismo cabe decir del ferrocarril. Porque es francamente absurdo transportar millones de toneladas de cargas por carreteras sobre una planicie sobre la que ya tenemos tendida una extraordinaria red ferroviaria. La Presidenta debiera tener en cuenta que si el plan agropecuario que lanzó hace poco tiene previsto llegar a 160 millones de toneladas de granos en 2020, desde ahora mismo habría que prever cómo se los va a transportar. Y ni se diga de la urgente necesidad de reordenar el sistema de trenes populares, que hoy pueden ser refaccionados en talleres argentinos, lo que de paso llevaría a la recuperación de miles de kilómetros de vías. Cierto es que ya se inició la fabricación de trenes de doble piso para las líneas Sarmiento y Mitre, y eso es excelente. Pero todavía es un corcho en el océano. Porque todavía el Gobierno deberá resistir los lobbies de la construcción vial, y de las automotrices, de los camioneros, de los petroleros y de tantos más que pusieron y ponen trabas -éste es un fenómeno mundial- al desarrollo ferroviario, que es más limpio, más seguro y más barato. Para resistir y reordenar hace falta un Plan Nacional de Transportes coherente, que la Argentina hoy no tiene.
Todo esto enmarca el problema del transporte aerocomercial. Me parece que el Gobierno debería ser consciente de que este es el contexto en el cual habría que repensar Aerolíneas, sobre todo porque en materia de transportes ya perdieron demasiado tiempo sosteniendo a un funcionario sobradamente inútil. Y digo inútil por no decir otras cosas que espero dirá pronto la Justicia.
Somos muchos los ciudadanos que apoyamos la reestatización de Aerolíneas y ahora la padecemos. No queremos que se vuelva a privatizar. Pero no dejamos de advertir que si Aerolíneas se sigue viendo sólo como un problema con éste o aquél sindicato; o solamente se cuestiona a éste o aquél funcionario, la calesita de la destrucción de nuestra línea de bandera seguirá girando.
Mempo Giardinelli

lunes, 7 de noviembre de 2011

Tírenme

Yo estaba encandilado por las luces del patio. Me puse la mano izquierda a modo de visera y miré hacia arriba a la izquierda, al contrafrente de dos de los edificios: nada. Después hubo otro grito más, del mismo sector:

—¡Gordo puto, empleado de Clarín!

La gente empezó a moverse inquieta, en los asientos, y hubo un murmullo general.

—¡Aguante 6, 7, 8!! –un grito más.
—¿Por qué no bajan a discutir acá? –se indignó uno de los asistentes.

Entonces desde las sombras dejaron de escucharse gritos y comenzó una pequeña lluvia de piedras.

Fue instintivo: yo podía suspender la charla por unos minutos o seguir. Elegí seguir hablando.

Estábamos en el patio de la sede de la Universidad de Palermo, frente a unas 400 personas, en un acto sobre la libertad de prensa. Me tocó hace unos meses encabezar una encuesta nacional de Fopea sobre mil periodistas en la que resulté elegido como el mayor referente de la profesión, seguido de Nelson Castro, Nadie y Rodolfo Walsh. Víctor Hugo Morales, Horacio Verbitsky y Magdalena Ruiz Guiñazú completaron los primeros puestos y fueron invitados al debate. Nelson estaba en ese mismo momento al aire en su programa en vivo, Verbitsky y Morales se negaron a concurrir. Y ahí estábamos: 400 personas escuchando y tres, quizá dos, tirando piedras. Fue un hecho menor, pero quiero contarles los detalles de lo que pasó antes y después, porque a veces los hechos menores hablan más de la vida real que los grandes gestos.

Promediada la charla, alguien preguntó por la situación del periodismo en Venezuela. Estuve hace unos meses en Caracas, invitado por el Colegio Nacional de Periodistas, y pude ver de cerca el tema. Magdalena me cedió el micrófono para responder: hablamos del “national and popular philosopher” Laclau y su teoría sobre la inexistencia del periodismo (Laclau, que interrumpió su estancia de treinta años en Londres para grabar unos programas del canal Encuentro y recomienda para países subtropicales como la Argentina la reelección indefinida, tal vez basándose en la Teoría de los climas de Montesquieu).

—El fondo filosófico es el mismo –dije– pero en Venezuela se ha pasado el límite de la agresión física. En el primer semestre de este año hubo 163 atentados denunciados contra periodistas; patotas –orgánicas y no– del chavismo los esperan en la puerta de los diarios o los canales.

Pero esta no era la única escena de la noche del jueves: en paralelo, y por el aire de Twitter, cientos de mensajes ya hablaban del incidente con las piedras. Las consideraciones personales de los tweets son lo de menos, de modo que voy a reproducir aquí sólo algunos y más que nada “los en contra”. Para ser justos, aclaro que los mensajes de solidaridad y condena a los piedrazos fueron los más; pero los que se alinearon apoyando a las sombras no fueron pocos. Y esos son los que me interesan, porque es ahí donde anida el huevo de la serpiente.

Twitteó con intuición y buen olfato el crítico de cine Gustavo Noriega: “A ver si se dan cuenta: hay una conexión entre que el Estado financie El Pacto y que un par de boludos les tiren piedras a Magdalena y a Lanata”. “Si a Lanata y Magdalena los insultaron los vecinos de Palermo no quiero pensar cuando pinchen una goma del auto en el Conurbano”, posteó cronopio83 Aldo Raponi. A esa altura los tres de-subicados en un contrafrente de Palermo se habían transformado en “los vecinos de”, una especie de Fuenteovejuna.

Con los mismos elementos pero actitud más profesional, el periodista Nicolás Wiñazki twitteó: “Aguante 6, 7, 8 también gritaron los que tiraron piedras a Lanata. Fueron como diez piedras. No hay lastimados”.

A esa altura la “noticia” llegó a los medios electrónicos: “En 6, 7, 8 intentaron justificar la agresión a Lanata por decir que su verborragia incitó a la agresión. Flojito, no?”, twitteó “franciscoaure”. Un “victorhugo590” registrado como Víctor Hugo Morales –que algunos afirman es un “fake Morales”, aunque no se conoció públicamente desmentida alguna del relator deportivo– dijo: “No me sorprende que arrojaran piedras sobre gente como Jorge Lanata o Magdalena Ruiz Guiñazú. El pueblo se expresa como puede”.

Al poco tiempo yo ya estaba cerca de ser el verdadero culpable. ¿Qué hacía mi cabeza atrayendo piedras, eh?

“Testigos sospechan de que haya existido una verdadera agresión al periodista Jorge Lanata. Estilo radio”, twitteó gerarfernandez. “Alumnos de la Universidad de Palermo sospechan del origen de la agresión a Lanata”, concluyó @pimboleto, Daniel Ventura.

Y hasta hubo lugar para el cinismo: mientras todos los medios oficiales ignoraron por completo el incidente, Javier Romero (un asistente de Sergio Szpolski que se dedica en Diario Registrado a calumniarnos día por medio en Internet) quiso curarse en salud: “Quien le tira piedras a un periodista ataca a la libertad”, copió en su mensaje de un sobrecito de azúcar. La diferencia del peso específico entre un puñado de piedras y el habitual balde de bosta que significa Diario Registrado son notables.

La noticia, con sus versiones y contraversiones, duró un día más en la red.

Algunas consideraciones sobre la noche del jueves:

1)Un hecho aislado no puede, necesariamente, ser confundido con una política: en todos lados hay locos sueltos. Pero una política sí puede estimular que el hecho aislado se produzca: cuando la Presidenta identifica u hostiga, con nombre y apellido a los periodistas que ella imagina como “enemigos”, puede haber uno, o diez, o cien militantes freaks dispuestos a quedar bien con la Jefa. Nadie recuerda, por ejemplo, condena alguna del Gobieno cuando militantes de las Madres de Plaza de Mayo escupieron los retratos de varios periodistas del país, acusándolos de complicidad con la dictadura.

2)“A veces pienso si no sería necesario nacionalizar los medios de comunicación, que adquieran conciencia nacional y defiendan los intereses del país. No seamos más tontos, no dejemos que nos envenenen y nos mientan”, dijo Cristina en un acto en Mercedes. “Los medios son cómplices de la política de entrega y subordinación”, agregó. “La libertad de expresión no puede convertirse en libertad de extorsión”, dijo también.

¿No le tiraría una piedrita a Lanata para complacer a Cris y defender al pueblo?

3)Al mensaje oficial “en on” se le suma la catarata de propaganda producida en la “Konzentrationslager Gvirtz”; hay más de cincuenta medios de comunicación paraoficiales, sin contar los blogs kirchneristas, los programas de televisión y radio acólitos y la vergüenza nacional de “Fútbol para Todos” (¿para cuándo Libros para Todos, o Agua para Todos o Comida o Justicia para Todos?).

4)No he recibido –y, por favor, tampoco espero– comunicación oficial alguna sobre el hecho. Sí de decenas de ONGs, público en general, periodistas, un comunicado de Adepa y muchos otros. El abanico de los 50 a 70 ¿u 80? medios de comunicación oficiales o privados (plata del pueblo que vuelve a Szpolski, Gvirtz, etc.) silenció el asunto con cuidado. Recordé el viernes la cara de mi tía Nélida diciéndome “El que calla otorga”.

5)Mientras se siga presentado al periodismo como “enemigo del pueblo, se le echará más leña al fuego. Es una democracia que a veces, desgraciadamente, parece una dictadura: la noche anterior a las piedras, 6, 7, 8 hizo otro goebbeliano informe sobre unas columnas de Martín Caparrós en El País y un comentario mío sobre Cristina en la Cadena Ser: lo titularon “Campaña Antiargentina”, del mismo modo que la dictadura tituló a las denuncias de los organismos de derechos humanos en el exterior sobre los desaparecidos. Martín estaba indignado:

—Es cierto –me dijo. Yo estuve en la campaña antiargentina en el Exterior. Fue en el ’77 o ’78. Yo fui uno de los exiliados que denunció a la dictadura. Pero nunca me imaginé que treinta años después la democracia iba a utilizar las mismas palabras.

Ni los dictadores, ni los presidentes, ni los gobiernos, representan exclusivamente a la Argentina. Son parte de ella, conformada también por los que piensan distinto al pensamiento oficial. Los afiches de Cristina hablan de amor, pero en varias ocasiones la Presidenta y su entorno ejercen el odio, o lo estimulan. Los acólitos –que para eso están– sobreactúan; escriben panegíricos, manipulan frases ajenas, cualquier cosa para lograr la distante sonrisa de la Jefa, un registro automotor, un plan, una caja regular de alimentos no perecederos. Y hay también, cómo no reconocerlo, quienes dan hasta la vida por sus pensamientos, como muchos dieron en su momento “la vida por Perón”. No volvamos a tropezar con la misma piedra.

Jorge Lanata